UN PAÍS MEJOR

AYLWIN

La muerte siempre nos propone una tregua, un espacio vacío y una pausa profunda. Cuando llega,  golpea, sacude, nos saca del camino y nos deja mirando en otra dirección. Por eso la muerte del Presidente Aylwin y el duelo nacional de tres días pusieron a Chile en un paréntesis, en una necesaria, oportuna y corta espera.

En medio de la bataola, nos dimos un respiro. Cambiamos ofensas por homenajes. Gritos por silencio. Euforia por reflexión. Divisiones por encuentros. La guerra de todos los días por una paz pasajera pero sincera.

Cambiamos puñales por abrazos. Desprestigio por admiración. Descalificaciones por respeto. Iglesias encendidas por una catedral repleta de sentido, cariño y oraciones por Chile. Cambiamos crisis por esperanzas. Mentiras por honestas condolencias. Rabia por gratitud. Por sólo unos días fuimos un país mejor y conmovedoramente republicano.

El luto trajo calma a una tierra agitada, intolerante, atribulada y quejumbrosa. La muerte nos regaló sensatez y nostalgia. Miramos atrás y recordamos con una mezcla de orgullo y añoranza el tiempo en que fuimos capaces de ponernos de acuerdo, abandonamos odios y aceptamos nuestras diferencias para construir juntos, vencedores y vencidos, nuestra democracia.

Esta semana echamos de menos la buena política, a servidores de otra época, algunos dispuestos a arriesgar y sacrificarse por Chile y el bien común. Revivió por un instante ese pueblo que hablaba de perdón y reconciliación. Extrañamos también una sociedad distinta: comprometida, haciéndose cargo, consciente de su derecho y su deber, capaz de devolverle cívicamente a Chile su libertad.

Chile, en su paréntesis, se vio bien. Lució amable, diverso, sensible y tolerante. Vimos a un país mayoritariamente emocionado. No debemos olvidar los gestos que generosamente nos mostró.

Adversarios y enemigos políticos presentes en el funeral del ex Mandatario. Una histórica y dura derecha haciéndole guardia y honores al féretro del líder de la otrora Concertación. El ex Congreso, símbolo de una política hoy difamada, abierto a una pública, ciudadana y solemne despedida. Miles de hombres y mujeres en las calles a la espera del paso de la carroza para despedir entre flores y pañuelos a un hombre bueno. Y la familia Aylwin, sencilla y gentil, entregando a su esposo, padre, hermano y abuelo a un adiós popular.  Un país unido, como hace tiempo no lo hacía.

Por eso, ahora que se acabó el entierro y todo vuelve a la normalidad, ahora que entramos de nuevo a la pelea chica, estridente y mezquina, no debemos olvidar: Chile puede ser mejor. 


Por Matías Carrasco.

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RESPETO, EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE

Patricio Aylwin Azócar

Pido respeto por la muerte del Presidente Aylwin. No caridad ni complacencia, sino simplemente respeto.

Al lado de las muchas declaraciones, homenajes, sentidas palabras y críticas también, se escuchan a lo lejos destempladas ofensas para el líder de la transición a la democracia. A ellos,  a los de sangre caliente y gatillo fácil, les pido respeto.

Sé que es difícil hacerlo hoy. El horno no está para bollos. Hace tiempo ya que perdimos la capacidad de mirar la realidad con todos los elementos puestos arriba de la mesa. Hoy vende mas una frase violenta, categórica y encendida que un análisis de medido calibre.

Uno podrá estar de acuerdo o no con la gestión del Presidente Aylwin. Hay espacio para alabanzas y también para justificadas diferencias y cuestionamientos. Pero las acusaciones de cobarde, traidor y otros epítetos de mayor tonelaje están de más. Son, a mi juicio, el reflejo de personas que ya levantaron sus murallas y se resisten a bajarlas para mirar la realidad con todos sus surcos y honduras.

La historia no puede ser juzgada sino en su real y verdadero contexto. Obviar la realidad política y social del Chile de principio de los noventa, la importancia y el peso de Pinochet  como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, las heridas recientes, una sociedad polarizada y la parte que al propio Salvador Allende le cupo en toda esta trama, es querer tapar el sol con un dedo o simplemente no querer mirar.

La vida y la política no son solo entusiasmo, voluntarismo y buenas intenciones. Y a Patricio Aylwin le tocó liderar una época  compleja, dónde hubo que aceptar dolorosas derrotas, principalmente para los familiares de las víctimas, para asegurar otras victorias y, como dice Ascanio Cavallo, devolverle la paz a Chile.

¿Se pudo haber hecho más? Vaya a saber uno y vaya a saber con qué costos para el país. Uno podrá mantener siempre en lo alto un ideal, pero intentar alcanzarlo de un sopetón puede ser peligroso y terminar mal. Ejemplos de eso en la historia hay por montón. Los verdaderos ideales – democracia incluida- se logran paso a paso, sobre todo después de una sangrienta dictadura de 17 años, un país de posiciones encontradas y cuarteles alertas y vigilantes.

Ojalá en el Chile de hoy existiesen políticos y ciudadanos más dispuestos a conversar, lograr acuerdos, generar espacios de encuentro y reconciliación y anteponer por sobre intereses personales o partidistas el bien de todo un país.

Sé que es difícil hacerlo. Sé que estamos a la defensiva, cada uno en sus trincheras, ansiosos de dar una nueva estocada y abanicándonos con nuestras propias verdades. Por eso lo pido en la medida de lo posible. Respeto por la muerte del Presidente.

 


Por Matías Carrasco.

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UN NUEVO TRATO

Papa-Francisco-Eucaristia

No estaban tan locos. No eran activistas ni debían ser expulsados de la Iglesia. Quienes han promovido públicamente la posibilidad de la comunión a separados vueltos a emparejar tenían algo de razón. Lo suyo no era una pelea perdida. Había entre la gente, había en el Vaticano, se alojaban entre Obispos y Cardenales, pequeñas brasas que prendieron una luz de esperanza. Al menos para quienes creemos que la mesa está servida para todos.

Así lo dice el Papa en Amoris Laetitia, la Exhortación PostSinodal donde Francisco resume las enseñanzas que dejaron dos Sínodos (2014 y 2015) sobre la familia y asuntos de moral sexual. Jorge Bergoglio enfatiza en el documento que las personas divorciadas o que viven una nueva uniónno sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia, sintiéndola como una madre que les acoge siempre, los cuida con afecto y los anima en el camino de la vida y del Evangelio”.

Así las cosas el Papa insinúa – sin plantearlo expresamente- el acceso a la comunión de los matrimonios “irregulares”, centrando la decisión en el discernimiento personal y pastoral, caso a caso, sin normas canónicas generales. “Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales: es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas (…) Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares” – dice.

No es para hacer una fiesta, pero para los tiempos de la Iglesia es un avance. Allí donde había una puerta celosamente cerrada, hoy queda entreabierta. La Iglesia de ninguna manera baja su ideal de matrimonio, pero plantea una mirada más comprensiva y amable con quienes han fracasado. “Hay que reconocer que hay casos donde la separación es inevitable. A veces puede llegar a ser incluso moralmente necesaria, cuando precisamente se trata de sustraer al cónyuge más débil, o a los hijos pequeños, de las heridas más graves causadas por la prepotencia y la violencia, el desaliento y la explotación, la ajenidad y la indiferencia”. No es una declaración menor. Habla de una Iglesia que decidió sacarse sus zapatos de suela gruesa y poner los pies en el barro.

Algunos, cansados y decepcionados, ya abandonaron el buque. Se fueron. Otros pensarán que la Iglesia llegó tarde o que lo aquí planteado resulta insuficiente. Y en parte comparto esa opinión. Personalmente hubiese preferido una apertura mayor y una inclinación expresa y clara a la comunión de separados que han decidido rehacer sus vidas. Pero, a pesar de mi entusiasmo, no puedo desconocer una historia de más de 2.000 años, una doctrina fundamentada y férreamente instalada y la existencia de distintas posturas al interior de la misma Iglesia. Lo que para muchos nos parece una buena noticia, para otros es motivo de escándalo y el triunfo del relativismo postmoderno. De todo hay en la viña del Señor.

Lo importante, creo yo, es el cambio de tono y de mirada. La roca se corrió. Al menos se removieron algunos obstáculos que nos impedían vernos con más empatía y cariño. Y lo revelador es que por muy pequeño o minúsculo que parezca este paso, se puede. No sé en cuánto tiempo, con cuántos esfuerzos y cuántas batallas, pero se puede. Es posible soñar con una Iglesia menos santa, más inclusiva y humana. Hay que insistir. Sobre todo los laicos, tenemos que insistir.

Ojalá no sean sólo los diarios quienes informen sobre las conclusiones de Amoris Laetitia. Sería deseable que las mismas autoridades de nuestra Iglesia se encarguen de comunicarlo con entusiasmo y apertura. Es, para muchos, motivo de alegría. En las iglesias de todo Chile, a la hora del sermón o de la eucaristía, podría ser un buen momento para compartir con laicos y laicas las enseñanzas y esperanzas de este nuevo trato. Sería justo, dignificante y tremendamente necesario.

 


Por Matías Carrasco.

 

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YO SOY UBER, PERO…

Person using the Uber app

Yo soy Uber. Así están todos. Es la bandera que flamea por estos días. Aparecen como callampas nuevas columnas, twits, opiniones y cerradas defensas a la aplicación que llegó para mejorar el transporte público y que hoy se ve amenazada por una tropa de taxistas indignados. ¡Claro! Ellos pagan un permiso especial, fijan sus precios, deben estar inscritos en el registro nacional de servicios de transporte de pasajeros, tienen que contar con un seguro y someter sus vehículos a revisión dos veces al año. Uber, no.

Y yo también soy Uber. Celebro el emprendimiento, la innovación y el aporte de las nuevas tecnologías. Es una idea bien pensada: mejora la movilización, descongestiona la ciudad, genera nuevas fuentes de trabajo y entrega al usuario una solución cómoda, segura y de calidad.

Pero – siempre hay uno – no es legal, según acusa el Ministerio de Transportes. Al menos en Chile no existe una normativa para regular este genial invento. Y por más que la compañía se defienda diciendo que no son un servicio de transporte sino una “solución tecnológica”, basta asomarse a la calle para darse cuenta que es la misma cosa. Algunos acusan competencia desleal y el mismo Gobierno ha enfatizado en la ilegalidad de la actividad.

Pero – aquí lo interesante – no nos importa. Esta vez hacemos vista gorda a la irregularidad. Ahora da igual si andamos por la cornisa de la ley o en el límite de lo permitido.

¿Por qué?

Simplemente porque nos conviene y nos beneficia. La oportunidad está al alcance de la mano. Ahora sí nos tocó. Está frente a nuestras narices y huele bien. No la podemos dejar pasar.

Cuando son políticos, ponemos el grito en el cielo. Los queremos ver caer, arando el piso, desfilando en tribunales, afligidos, sin cordones y tras las rejas. Cuando son empresarios, rasgamos camisas, pantalones, chalecos y todas las vestiduras. Exigimos las penas del infierno. Clamamos justicia. Y con razón.

Pero cuando se trata de nosotros, no. Ahí si que es distinto. Mejor ni mirar, para no enterarnos. Quizás por eso es que utilizamos y defendemos un servicio que, nos están diciendo, es ilegal. Y razones encontraremos montones: que las malas prácticas de los taxistas, que se lo merecen, que más que un ilícito es el aprovechamiento de un vacío legal y que debemos adecuarnos a un nuevo mundo. Tal vez argumentos parecidos que llevaron a nuestra clase política a financiar sus campañas irregularmente, a empresarios a acordar precios o a distintas personas a poner sus platas en los ya famosos paraísos fiscales. Situaciones diferentes pero con denominador común: en beneficio de mis propios intereses, bypass a la ley.

Al final no son solo ellos, somos también nosotros. Si nos medimos con la misma vara nos daremos cuenta que nos transportamos al margen de lo legal, navegamos en softwares piratas y disfrutamos con nuestros hijos de una película descargada sin pagar en una salita acogedora, recién ampliada y sin regularizar. Así no más es. ¿Le suena? Ahí está el poncho.

No hay que sacar a Uber de circulación. Hay que buscar una norma que le permita existir y convivir en buena ley. Esa misma que, cuando nos conviene, dejamos simplemente pasar.

 


Por Matías Carrasco.

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LA POLÍTICA DE LOS AMANTES

meo

Mi señora me pilló con otra. Encontró cartas, mails y mensajes de texto. Todo muy comprometedor. De esas frases que se escriben con fuego, pasión y con el deseo loco de un nuevo y furtivo encuentro. Me sentí atrapado. No sabía bien qué hacer. No quería terminar así mis once años de feliz matrimonio. Desesperado fui por algún consejo.

Primero visité a MEO. Me recibió gentilmente en su casa, con un mojito y trozos de picaña para degustar. Me dijo que lo mío era una práctica progresista, audaz y propia de quienes pensamos en un Chile más moderno. Me sentí bien. Choro. Y me sugirió defenderme por Facebook. “Así no te cachetean” – me dijo. Y ni mencionar la evidencia. Simplemente sentirme herido. Y así lo hice. Se las canté clarita a mi esposa. Le escribí en mi muro que sus ataques no lograrían derrotarme. Que mientras más me disparaba con más fuerza me levantaba. Y le enrostré que lo suyo era sólo porque yo estaba llegando a los cuarenta estupendo, moreno y con canas. ¡Sana envidia! Me fue mal. Me trató de imbécil, mentiroso, ególatra y cara dura. Y me eliminó de su lista de amigos. Ningún solo like.

Seguí con Longueira. Enfático, fuerte y claro me aconsejó dar la cara. Me pareció sensato, valiente. Me invitó a enaltecer mis valores y defender mi honestidad. Dijo que responsabilizara a las viejas del barrio de la historia que habían armado y que lo mío no era un delito. Podía dormir tranquilo. Luego me aconsejó renunciar a la salida del club de toby de los martes y prometer volver cuando hubiese demostrado mi inocencia. Una vez más ni hacer mención a las pruebas en mi contra. Y emocionado visité a mi señora. Me fue peor. Escuchó sin hacer preguntas y cerró la puerta en mi cara. Algo, no sé qué, la había irritado.

Confundido, fui por Ominami. En un tono amable me aconsejó culpar a mi amante de todo este entuerto. Que era ella la que me buscaba y quién me había hecho tropezar en esa inmunda tentación. Y yo, ingenuo como un cordero, caí en la trampa. Agradecido por la ayuda, volví a intentarlo. Pero nada nuevo en el frente. Ella simplemente movió su cabeza de lado a lado como un gesto de desaprobación. No quería saber más de mí.

Y así fui tocando más puertas. Velasco me recomendó decir que había sido sólo un almuerzo sin importancia. A Pizarro no lo encontré. Seguía en el mundial de rugby. Navarro me dijo que lo hiciera parecer, no sé como, un accidente laboral. Y Michelle, otra vez, no sabía.

Decepcionado me tomé unos tragos y me embriagué. Y con la honestidad de un niño volví a mi hogar, la miré a los ojos, lloré arrepentido y pedí perdón. Ella, esta vez, me abrazó.

 


Por Matías Carrasco.

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NO APAGUES LA LUZ

meruane

Ricardo, supe que estabas mal. Me enteré que tras tu fallido paso por el Festival de Viña te agarró una depresión que te tiene triste, abatido y desconectado del mundo. Y no es para menos. Fuiste devorado por el monstruo otra vez. Fracasaste.

Y lo hiciste en un mal momento, en la época del Chile prepotente y exitista. Lo hiciste en un país que se está acostumbrando a humillar, aplastar y denostar a quienes han caído en desgracia. Perdiste en una sociedad que exhibe con gusto copas, medallas, títulos y rankings, pero que maquilla sus pifias en kilos y kilos de bótox, silicona y Grecian 2.000. Nadie quiere mostrar sus heridas.

Con esto del malestar ciudadano, los abusos, las colusiones y la corrupción, varios se otorgan el derecho a ofender a diestras y siniestras, incendiar los prados, apedrear buses y camiones, putear, calumniar, burlarse y descargar toda su ira con el que sea. Por eso las pifias en masa. Por eso los memes. Por eso el bullyng anónimo, cobarde y despiadado. Y esta vez fue tu turno. Fuiste crucificado por encarnar los pecados de una muchedumbre simplona, cínica y arrogante.

La misma ciudadanía enconada en contra del poder, abusa también de él a través de las redes sociales, oculta tras pseudónimos y una amorfa masa digital. Y así, en nombre de la justicia, no dejan títere con cabeza. Se nos está pasando la mano.

No estamos midiendo el daño ni el impacto. No importa si hay familias o una vida que se puede venir abajo. Sólo por gusto largamos la pachotada, el improperio y esa pesadez a veces justificada, a veces gratuita. Y no se trata de abandonar las redes en el mar. Se trata más bien de dejar la práctica del arrastre, esa que hiere y despedaza. Debemos aprender a pescar con estilo.

Tengo que ser honesto. No me hiciste reír. Pero ya está. Dejémoslo ahí. Tampoco me río con el Club de la Comedia o las historias de Ruminot. Fue, para mi, una mala rutina. Pero no te lo tomes tan en serio. Todos los que pifiaron esa noche y los que avivaron tu tragedia después, esconden entre sus piernas sus propios fracasos. Y la mayoría de ellos no se atrevería a poner un solo pie sobre un escenario, ni siquiera en un bar de mala muerte. Tampoco habrían resistido la chifladera de tu primera intentona, hace cinco años, para después ponerse otra vez de pie.

No Ricardo. Ni ellos ni nosotros nos merecemos tu depresión. Todos fracasamos todos los días. La diferencia es que muchos no se dan ni por enterados. Pero lo tuyo, a tu pesar,  fue frente a todo un país.

Si fracasaste fue porque arriesgaste. Si perdiste fue porque estabas dispuesto a hacerlo. Equivocadamente o no, quisiste intentarlo otra vez. Y eso, más que el abucheo, merece una gaviota y el aplauso de tu querido público.

Ánimo, Ricardo. Ya lo hiciste una vez. No apagues la luz, loco. Queremos volver a verte reír.


Por Matías Carrasco.

 

 

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EL DOBLE ESTÁNDAR

hasbun

Las redes sociales actuaron de nuevo. Esta vez levantaron sus rifles y puñales en contra de los diputados UDI Gustavo Hasbún, Ignacio Urrutia y Jorge Ulloa, por la presentación de un proyecto de ley que busca sancionar con presidio menor en su grado mínimo y una multa de 5 UTM a quienes enaltezcan, nieguen o minimicen los hechos de gobiernos que hayan transgredido la constitución política, dando como ejemplo la administración del Presidente Salvador Allende.

Apenas conocida la iniciativa el bullyng se desató y los memes se expandieron con rapidez. Como es costumbre, de gatillo fácil y ligero,  los twiteros repartieron sus ráfagas y acribillaron a los autores del controvertido engendro de ley. De todo les dijeron. Lo menos, que eran estúpidos, webones e imbéciles. Se burlaron a rabiar de una mala idea. Y sí, es una pésima idea.

Restringir y penalizar las muestras de apoyo a tal o cual gobierno, régimen o período presidencial no sólo atenta contra la libertad de expresión y de manifestación de cualquier individuo sino que pone en evidencia la incapacidad de algunos de convivir en la diferencia y aceptar en una sociedad democrática la existencia de opiniones distintas.

A mi no me gusta la UDI. Tampoco comulgo con las ideas de los tres parlamentarios en alusión. Condeno la dictadura, la figura de Pinochet y todos los atropellos, torturas y asesinatos que allí se produjeron. Pero, ¿por qué debería penalizar a otros por pensar distinto? ¿por qué tendría que sancionar a un grupo de manifestantes que celebra el cumpleaños de Pinochet en una plaza pública? ¿tengo que perseguir a quienes promueven o participan de homenajes a Jaime Guzmán? Yo puedo tener mi opinión, pero ellos también tienen el derecho a tener y expresar la suya, aunque a mi no me guste.

Sí, es una mala, vieja y anacrónica idea, como importada de Venezuela, la ex RDA, Corea del Norte o algún totalitarismo de cualquier color.

Pero lo interesante es que antes del proyecto de los gremialistas, la diputada PC Karol Cariola y la bancada del partido de la hoz y el martillo propusieron el mismo proyecto pero en sentido contrario: prohibir toda actividad de carácter público que tenga por objetivo la exaltación u homenaje de la dictadura militar, castigando cualquier contravención a la ley con presidio menor en su grado máximo a presidio mayor en su grado máximo y multas de 500 a 3.000 UTM.

De acuerdo a esta legislación se castigaría cualquier alusión a las palabras de “Gobierno Militar”, “Regimen Militar” o mencionar a Pinochet como “Presidente de la República”, entre otras cosas. Es decir, por lo bajo, tendríamos que amordazar a Gonzalo Rojas y Hermógenes Pérez de Arce, poner una lápida a la discusión histórica en torno a estos temas y comenzar a prenderle velas a la censura, esa que tanto aborrecimos en tiempos de Pinochet. A mí no me parece.

¿Y qué se ha dicho de este proyecto de ley en las redes sociales? Nada. Como un monumento a la inconsistencia y el doble estándar los otrora valientes twitteros guardaron sus fusiles y miraron al sudeste como haciéndose los giles, como para no quedar en evidencia.

Son una estupidez. Ambos proyectos son una estupidez. Pero es justo decirlo en una y en otra dirección para que todos se den por enterados y nuestros políticos entiendan de una buena vez que sólo ellos y un puñado de nostálgicos quieren seguir hablando de Allende y Pinochet, como si no hubiesen otros temas más urgentes y necesarios sobre los cuales legislar. Una lástima. Chile se merece algo mejor.


Por Matías Carrasco.

 

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CHILE EN PELOTA

chileenpelota

Felizmente se cayó el ideal. En hora buena se están viniendo abajo las grandes e inalcanzables catedrales. A Dios gracias y mediante colusiones, abusos, boletas falsas, corrupción, soborno y arreglines de todo tipo, Chile ha quedado al descubierto. Toda esa mugre que arrastrábamos hace años está ahora ahí mismo, a la vista de quien quiera asomarse al basural.

Y aunque suene contradictorio, a mi me gusta este Chile. Este país sin cirugías, con celulitis y estrías en exhibición. Esta tierra con sus canas, arrugas y verdes ojeras, sin maquillaje. Miles de chilenos con sus heridas al aire. Me gusta Chile en pelota, con toda su porquería en vitrina. Así nadie se engaña, nadie se ufana, nadie se jacta de algo que no somos. ¡Bienvenida realidad!

Me gusta Chile feo. Así nos enteramos que somos frágiles como la escarcha y rascas como la última pelusa del ombligo. Si alguna vez pensamos en ser jaguares, nosotros mismos nos hemos encargado de convertirnos en un gato callejero, famélico y maltrecho. Menos agraciado, pero infinitamente más auténtico y real.

Me entusiasma el Chile de los caídos, de esos superhéroes que hoy tropiezan enredados en sus propias capas. Nos revelan una verdad gigante: que nadie es tan poderoso para ser reverenciado y puesto en pedestales de mármol ni nadie tan penca para ser humillado y marginado. Si hay algo que jamás podremos olvidar, es que estamos todos cortados con la misma tijera. Ahí sí que hay igualdad.

Me ilusiona este Chile imperfecto. Ya quedó claro que los caraduras están en la derecha, el centro y la izquierda. Ni crucifijos, rosarios y un trabajado discurso por los derechos humanos los salvan. Todos han caído en el mismo saco. Ellos y nosotros. Ya nadie se anima a tirar la primera piedra. Al fin, las clases de moral pueden emprender la retirada.

Es bueno ver a Chile confundido, caminando en el desierto, desorientado y sin salida segura. Después de tantos años andando obedientes como manada, hay que ver con esperanza el renacer de las preguntas, los cuestionamientos y tantas dudas flotando en el viento. Las respuestas llegarán. Con la primavera seguro llegarán.

Están asomando nuevos tiempos. Estamos siendo privilegiados testigos de una época de cambios. Frente a los escándalos y la desilusión, no hay que derrumbarse y desistir. Podemos indignarnos y hastiarnos con justificada razón, pero no podemos bajar los brazos y dejar que el desánimo gane la batalla. No debemos desafectarnos y perder el interés por Chile, sus instituciones y su gente. Chile como nunca nos pertenece y tenemos que comenzar a hacernos cargo.

No es justo que unos pocos nos arruinen la fiesta. No es bueno que un puñado le haga sombra a curas formidables, empresarios honestos, políticos correctos, fiscales valientes, jueces que hacen justicia y hombres y mujeres que se la juegan por Chile, todos los días. Debemos ganarle algunos metros a la queja, abandonar nuestros pequeños y cerrados círculos y salir allá afuera a prestar ropa y dar la pelea. No podemos seguir, patudamente, esperando que otros arriesguen su pellejo.

Cuando la marea está alta y las aguas agitadas no hay que abandonar el barco. Yo al menos me quedo. Contra todo pronóstico, me quedo. A pesar de la tormenta, me quedo. Así, en pelota, yo me quedo. Pueden contar conmigo.


por Matías Carrasco.

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UNA PREGUNTA INCONVENIENTE

pregunta

¿Por qué algunos católicos defienden la vida de quién está por nacer y luego cierran las puertas en algunos de sus colegios a madres solteras que valientemente siguieron adelante con sus embarazos? ¿Por qué unos tildan de fascista la marcha de camioneros de la Araucanía a Santiago y defienden a brazo partido el paro del Registro Civil que ha generado más ruido, molestias y daño que una chorrera de camiones juntos? ¿Por qué son los mismos partidos políticos quiénes deben decidir en el Congreso la suerte de su propia fiscalización en el marco de una nueva ley de financiamiento? ¿Por qué comunistas y socialistas tienen tanta lucidez para condenar la dictadura militar en Chile y nada dicen de otras dictaduras y totalitarismos en Venezuela, Cuba, Corea del Norte o la desaparecida RDA? ¿Por qué la gente escupe, reclama y trolea a los políticos por las redes sociales y luego no se levanta a votar?¿Por qué celebramos eso de que el amor es más fuerte y luego no dejamos que otros se amen tan fuerte como les parezca? ¿Por qué repudiamos las malas prácticas e insistimos en imponerle a las nanas por el mínimo, tirar licencias falsas, doblar en segunda fila, estacionarnos en línea amarilla, tirar basura a la calle y tomar cuando manejamos? ¿Por qué reclamamos, reclamamos y volvemos a reclamar y no nos despegamos de nuestro cómodo sofá?  ¿Por qué le enrostramos a otros que cumplan con su deber cuando nosotros difícilmente cumplimos con nuestro deber de ciudadanos? ¿Por qué nos escandalizamos con la situación de los migrantes en Europa y miramos con sospecha a colombianos, peruanos y haitianos que han venido a parar a nuestro país? ¿Por qué alegamos por la falta de transparencia escondidos tras pseudónimos, sin dar el nombre y la cara? ¿Por qué nos espantamos de la delincuencia y hacemos vista gorda a miles de niños y niñas que crecen sin infancia en campamentos, poblaciones y rincones olvidados de Chile? ¿Por qué se busca eliminar el reemplazo en huelga y luego reemplazamos en huelga? ¿Por qué celebramos con devoción los diez años de canonización del Padre Hurtado y poco o nada hacemos por los más pobres? ¿Por qué nos quejamos de tanta mierda y no somos capaces de limpiar la caca del perro en plazas, parques públicos y jardines? ¿Por qué nos hablan de misericordia y perdón y después dejan a algunos debajo de la mesa? ¿Por qué levantamos la bandera de la igualdad desde barrios exclusivos, casas exclusivas, colegios exclusivos, universidades exclusivas y cargos exclusivos? ¿Por qué exigimos ética a nuestras autoridades y nosotros nos hacemos los lesos? ¿Por qué estamos plagados de mensajes “soy donante” y aún no aparecen los órganos para salvar pequeñas vidas? ¿Por qué nos metemos en la vida del resto y no permitimos que nadie se meta en la nuestra? ¿Por qué nos quejamos del alza en las tarifas de la luz y nos oponemos a cuanta central se nos ponga por delante?¿Por qué debatimos de esta crisis de desconfianza resguardados tras rejas, alarmas, guardias y cámaras de seguridad?¿Por qué pedimos tolerancia descalificando a quién piense distinto? ¿Por qué escribo tanta lesera para después hacer exactamente lo contrario?

Quizás porque todos somos un poco pencas, un poco villanos, un poco inconsistentes y, principalmente, completa y absolutamente humanos.


Por Matías Carrasco.

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3.182

registrocivil

3.182 personas trabajan en el Registro Civil. 3.182 funcionarios llevan en paro 25 días y no piensan dar pie atrás. 3.182 empleados han truncado los planes de niños, jóvenes, adultos, viejos, chilenos, peruanos, colombianos, haitianos, católicos, evangélicos, agnósticos, ateos, enfermos, embarazadas, heterosexuales, homosexuales, ricos y pobres. 3.182 individuos se han arrogado el derecho de decidir nuestra suerte por estos días. 3.182 hombres y mujeres se han llenado la boca con “turnos éticos y humanitarios”, cuando lo único que han logrado son filas eternas de incertidumbre, hastío, cansancio y escasa dignidad. 3.182 personeros piden que se cumpla un acuerdo logrado con el Gobierno, sin ellos cumplir antes el acuerdo que, por ley, tienen con toda la ciudadanía. 3.182 colaboradores de este país dejaron de colaborar hace ya un buen tiempo. 3.182 burócratas han puesto sus intereses por encima de 17 millones de chilenos. Así no más, de un pisotón. 3.182 tipos de cuestionable criterio han sumado con su ejemplo al desprestigio del “servidor público”, quién otrora gozaba de honra y enorme orgullo. 3.182 compatriotas han violentado la vida y los derechos de miles de otros compatriotas que bajo sol, lluvia, calor y frío han hecho enormes colas con la esperanza de ser atendidos. ¡Cómo si se les hiciera un favor! 3.182 personajes han aguado de un plumazo matrimonios, contratos, viajes, nacimientos, trabajos, negocios y una chorrera de papeleos importantes y muchas veces impostergables que, lamentablemente, sólo ellos son capaces de otorgar. 3.182 sujetos exigen ser escuchados, cuando son ellos los que han hecho oídos sordos a cientos de historias y sueños que se frustraron por este estúpido paro. 3.182 operarios se han aprovechado de la gente para presionar al Gobierno y negociar un bono que sólo irá a parar a sus bolsillos. 3.182 fulanos lograron el apoyo de la presidenta de la CUT que no se demora ni un solo minuto en poner el grito en el cielo porque unos cuantos camiones del sur entran a la Alameda y respalda sin miramientos una huelga ilegal que atropella los derechos que con tanta convicción (e inconsistencia) jura defender…¡pura y trasnochada ideología! 3.182 personas amenazan ahora con cerrar las escasas puertas que mantenían abiertas en una clara señal de fuerza y prepotencia. 3.182 menganos son ahora los poderosos de siempre. 3.182 personas, con mérito y un enorme talento, han logrado que buena parte de Chile los deje de querer.


Por Matías Carrasco

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