YO SOY UBER, PERO…

Person using the Uber app

Yo soy Uber. Así están todos. Es la bandera que flamea por estos días. Aparecen como callampas nuevas columnas, twits, opiniones y cerradas defensas a la aplicación que llegó para mejorar el transporte público y que hoy se ve amenazada por una tropa de taxistas indignados. ¡Claro! Ellos pagan un permiso especial, fijan sus precios, deben estar inscritos en el registro nacional de servicios de transporte de pasajeros, tienen que contar con un seguro y someter sus vehículos a revisión dos veces al año. Uber, no.

Y yo también soy Uber. Celebro el emprendimiento, la innovación y el aporte de las nuevas tecnologías. Es una idea bien pensada: mejora la movilización, descongestiona la ciudad, genera nuevas fuentes de trabajo y entrega al usuario una solución cómoda, segura y de calidad.

Pero – siempre hay uno – no es legal, según acusa el Ministerio de Transportes. Al menos en Chile no existe una normativa para regular este genial invento. Y por más que la compañía se defienda diciendo que no son un servicio de transporte sino una “solución tecnológica”, basta asomarse a la calle para darse cuenta que es la misma cosa. Algunos acusan competencia desleal y el mismo Gobierno ha enfatizado en la ilegalidad de la actividad.

Pero – aquí lo interesante – no nos importa. Esta vez hacemos vista gorda a la irregularidad. Ahora da igual si andamos por la cornisa de la ley o en el límite de lo permitido.

¿Por qué?

Simplemente porque nos conviene y nos beneficia. La oportunidad está al alcance de la mano. Ahora sí nos tocó. Está frente a nuestras narices y huele bien. No la podemos dejar pasar.

Cuando son políticos, ponemos el grito en el cielo. Los queremos ver caer, arando el piso, desfilando en tribunales, afligidos, sin cordones y tras las rejas. Cuando son empresarios, rasgamos camisas, pantalones, chalecos y todas las vestiduras. Exigimos las penas del infierno. Clamamos justicia. Y con razón.

Pero cuando se trata de nosotros, no. Ahí si que es distinto. Mejor ni mirar, para no enterarnos. Quizás por eso es que utilizamos y defendemos un servicio que, nos están diciendo, es ilegal. Y razones encontraremos montones: que las malas prácticas de los taxistas, que se lo merecen, que más que un ilícito es el aprovechamiento de un vacío legal y que debemos adecuarnos a un nuevo mundo. Tal vez argumentos parecidos que llevaron a nuestra clase política a financiar sus campañas irregularmente, a empresarios a acordar precios o a distintas personas a poner sus platas en los ya famosos paraísos fiscales. Situaciones diferentes pero con denominador común: en beneficio de mis propios intereses, bypass a la ley.

Al final no son solo ellos, somos también nosotros. Si nos medimos con la misma vara nos daremos cuenta que nos transportamos al margen de lo legal, navegamos en softwares piratas y disfrutamos con nuestros hijos de una película descargada sin pagar en una salita acogedora, recién ampliada y sin regularizar. Así no más es. ¿Le suena? Ahí está el poncho.

No hay que sacar a Uber de circulación. Hay que buscar una norma que le permita existir y convivir en buena ley. Esa misma que, cuando nos conviene, dejamos simplemente pasar.

 


Por Matías Carrasco.

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12 thoughts on “YO SOY UBER, PERO…

  1. Jorge Cepeda V. dice:

    Interesante columna, pero estoy en desacuerdo.
    El financiamiento ilegal de campañas y la colusión es muy distinto por varias razones:
    1. la plata que se da una campaña no pertenece al gerente general sino a todos los accionistas, por lo que cada aporte a campañas políticas, independiente del color, fue un robo a los accionistas que podrían haber recibido esa plata en forma de dividendos. En el caso de Uber, no le estoy robando a nadie al usarlo.

    2. en el caso de la colusión, eso siempre fue ilegal, y quienes la hacían, siempre supieron que era algo trucho, incluso hace 20 años, por eso ha sido tan dificil demostrar la colusión.
    En ninguno de los dos casos hay vacíos legales, era derechamente ilegal, y sería inaceptable proponer en cambiar la ley, o plantear que estos delincuentes cometieron una ilegalidad debido a una mala legislación.

    En el caso de Uber, se hace evidente que hay que corregir la legislación y que prohibirlo va en desmedro del bien común.

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  2. Juan Pablo Zamora dice:

    No es el gobierno en ningún caso quien debe determinar la legalidad o ilegalidad de un servicio, mientras no sean los Tribunales quienes lo determinen, es simplemente una opinión.
    Por otra parte, lo que existe es un vacío legal en el caso de UBER, no una contravención expresa a una norma, por lo que los ejemplos citados no se aplican en lo más mínimo.
    Finalmente, las obligaciones impuestas a los taxistas no justifican de ninguna forma el servicio penca, caro y discriminatorio que dan.

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  3. Macarena Cisternas dice:

    Tenemos que pensar en un mundo más colaborativo y menos sucio para dejarles a nuestros nietos… estas iniciativas son la punta de lanza para ideas que buscan optimizar recursos y pensar en el bien común, que muchas veces no son la prioridad de los parlamentarios.

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  4. Raul Bustamante dice:

    La idea central de tu columna era buena, pero desafortunadamente el unico argumento que diste para refutar el servicio que ofrece Uber es que es ilegal. Resulta que solo es ilegal porque el gobierno lo dijo y no puede ser que el gobierno establezca lo que se le antoje en favor del bien que ellos consideren mejor (el cual la mayoria de las veces es el que los favorece a ellos) sin que la ciudadania tenga la posibilidad de reclamar u oponerse. Podrias haber ahondado mas en tus argumentos planteando por qué Uber deberia ser ilegal, dando razones como que no hay fiscalizacion acerca de la licencia que posean los choferes de Uber o que no pagan los mismos seguros. Simplemente te quedaste en que es ilegal (porque el gobierno asi lo dijo) y todos deberíamos acatar la ley sin importar si esta bien fundamentada.

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  5. Thomas A. dice:

    Interesante la opinión. Te encuentro la razón en lo esencial (no en lo de Uber, porque opino igual que los otros comentaristas, que la comparación no es válida); que los chilenos somos secos para alegar y quejarnos de lo ajeno, pero muchas veces no nos damos cuenta de que los políticos y las famosas lacras sociales, son personas que vienen de la misma sociedad. La corrupción y todas las pillerías no son cosas que nacen solamente al llegar al poder; el bicho está adentro y lamentablemente muchas personas llegarían a lo mismo si se les diera la oportunidad. El cambio tiene que venir desde adentro, desde lo individual antes que desde la cabecera. Sin embargo, encuentro que este mismo hecho se puede usar para reforzar este movimiento que se ha dado en las redes sociales para defender a Uber. La gente está respaldando un servicio que le parece más justo, transparente y confiable, que es exactamente lo que falta en la idiosincrasia chilena. Así se pueden lograr cosas, o al menos, llegar a puntos medios.
    ¿Se está obviando la ley? Sí, pero la diferencia es que el fin beneficia a muchos más de los que perjudica, a diferencia de los otros ejemplos que diste.

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  6. Mathias dice:

    Pésima comparación con la política . Ellos son servidores públicos que en teoría deben velar y se supone que están ahí por los ciudadanos y el bien común (creo que con tanta corrupcion eso ya dejó de ser el eje central ya que cada vez que pueden se suben el sueldo y hacen chancherias para ellos y no para el pueblo ) . Se les paga con plata de TODOS los chilenos.
    Lo de los taxis y uber , es en ámbito privado y es una alternativa a prácticas abusivas y a un mal servicio que nos tenía “presos ” y obligados a la fuerza a aceptar y sin un horizonte cercano para mejorar en ningún sentido y que por ellos hubiese seguido infinitamente . Seguían estafando, robando, cobrando tarifas 5 veces más sin taxímetro para llevarte , seguían adulterando taxímetros , estafando a turistas ,seguían coimeando en las plantas de revisión técnicas etc… Ofrecían y daban combos si osabas decirles algo con que el taxímetro estaba adulterado. No es bueno generalizar pero su gremio sabía de esto hace años y se hicieron los tontos, desde los taxistas hasta el estado. Sin duda sería óptimo que se regulara uber pero con leyes modernas y no llevar a todos a nivelar para abajo. Yo no estoy en uber por hacer trampa como planteas, sino por servicio y por dejar que me metan el pico en el ojo ( perdonando la expresión ) para que se acabe el abuso que por años ha habido sin que nadie le pusiese el cascabel al gato. Pésima comparación . Lo único que comparto es que si debiese regularse pero con nuevas leyes y no sometiéndose a leyes antiguas que no están acorde a los tiempos , eso sería nivelar para abajo.

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  7. Sandra Bechan dice:

    Me parece que la solucion es poner al dia las normas que regulan el pago por servicios de transporte. Pero NO prohibir un servicio que claramente beneficia A TODA LA SOCIEDAD. Y porque es un beneficio comun, me parece incomparable a la corrupcion de los senores politicos. La corrupcion solo beneficia a aquel que no respeta la norma. Y si de politicos se trata, peor aun, porque estamos hablando de los senores que en muchos casos han gestionado dichas normas a ser aplicadas A TODA LA SOCIEDAD … Pero no a ellos mismos? No entiendo la comparacion del senor Matias Carrasco. (Ruego me disculpen las faltas ortograficas y de puntuacion, derivadas de las limitaciones del teclado usado para escribir esta nota. Gracias).

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  8. José IP dice:

    Buena poesía argumental, pero -pese a que casi nunca ando en taxi-, veo a este tipo de empresa reguladora de transporte como una ventana abierta para que sistemas de información y de vigilancia -presentes o no en la actualidad- puedan conocer nuestras vidas, con el riesgo que esto podría conllevar. Aparte de competir e intentar integrar a todos los taxistas en un sólo sistema de transportes para el rubro y bajo el ojo de una compañía extranjera

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