UN ESCÁNDALO: SEPARADOS Y COMUNIÓN

COMUNION

Mi amigo Luis es católico, pero no puede comulgar. Después de pelearla harto se separó y hoy convive con otra mujer. Paulina tampoco puede hacerlo. Su matrimonio también fracasó y hace más de veinte años que formó una segunda familia.

Y a pesar de quererlo, no pueden comulgar porque su propia Iglesia Católica no lo permite. El matrimonio es indisoluble. Lo que ha unido Dios que no lo separe el hombre. ¿Se acuerda?

Para que usted sepa, la doctrina señala que las personas separadas no vueltas a casar, pueden libremente asistir a misa y comulgar. Sin embargo, las personas separadas que conviven con una nueva pareja o se han casado por segunda vez, no pueden participar de la comunión. Cualquier cosa contraria a estos preceptos sería, sencillamente, un pecado y un escándalo.

Pero para mi el escándalo es otro. Aún siendo católico y consciente de la norma, me doy el permiso de disentir. He visto por años la exclusión y el trato discriminatorio que como católicos hemos dado a los separados que han decidido rehacer sus vidas. Hemos sido puntualmente duros con este grupo, apuntándolos con el dedo y estableciendo diferencias entre quienes naufragaron y nosotros, los “perfectos”, los casados para siempre. Y lo peor de todo, los hemos dejado debajo de la mesa. Para ellos, que han sufrido mucho, no hay ni pan ni vino. ¿El resultado? Pena, rabia, rechazo, desilusión, alejamiento, y para muchos, un profundo dolor en el alma. Es un tema que debiese ser revisado.

Sé que lo que pueda decir yo importa poco. Incluso si lo dice uno que otro cura, también. Algunos ya se han animado a promover “aires de cambio”, pero son rápidamente llamados al orden. Pero, ¿y si lo dijera un Obispo?…si, escuchó bien, ¿si estas cosas las impulsara un Obispo?

Le quiero contar que a miles de kilómetros de aquí, el Obispo de Amberes, en Bélgica, Johan Bonny, ha escrito por estos días una carta pensando en estos temas. Le recomiendo tomarse unos minutos y revisar la reflexión en detalle en http://sinodofamilia2015.wordpress.com/ . Pero si no tiene tiempo o está disfrutando aún de estas fiestas patrias, les resumo a continuación algunas de sus opiniones. Como muestra, un botón:

1. “Las personas que están divorciadas y vueltas a casar también necesitan la eucaristía para crecer en unión con Cristo y con la comunidad de la Iglesia y para asumir su responsabilidad como cristianos en su nueva situación. La Iglesia no puede simplemente ignorar sus necesidades espirituales y su deseo de recibir la Eucaristía “como un medio para la gracia”.

2. “Para comprender la Eucaristía correctamente, tenemos que tener en mente que una gran compañía de publicanos y pecadores estaban en la mesa con Jesús (Lucas 5, 27-30); que Jesús escogió este contexto para decir que él no había venido por los justos sino por los pecadores (Lucas 5, 31-32); que todos los que habían venido de lejos y de cerca a escuchar la palabra de Jesús les fue dado compartir el pan con Jesús y los apóstoles (Lucas 9, 10-17); que cuando tú des un banquete debes invitar especialmente a los pobres, los tullidos, los cojos y los ciegos (Lucas 14, 12-14); que el padre compasivo dio el mejor banquete posible al hijo pródigo, lo que irritó a su hermano mayor (Lucas 15, 11-32); que Jesús le lavó los pies a los discípulos, Pedro y Judas incluido, antes de la última cena, y les encargó seguir el ejemplo siempre que lo recuerden a él (Juan 13, 14-17)”.

3. “Si Jesús mostró tal apertura y compasión acerca de la mesa común en el reino de Dios, entonces estoy convencido que la Iglesia tiene un mandato firme de explorar cómo puede dar acceso a la Eucaristía bajo ciertas circunstancias a las personas que están divorciadas y casadas nuevamente”.

4. Refiriéndose a la ceremonia de la confirmación: “Cuando llega el momento de la comunión, la mayoría de los miembros de las familias espontáneamente se acercan al altar para recibir la comunión. No me puedo imaginar lo que significaría para los niños y para su futuro lazo con la comunidad de la Iglesia si les rehusara la comunión en ese momento a sus padres, abuelos y a otros miembros de la familia que se encuentran en situaciones matrimoniales ‘irregulares’. Sería fatal para la celebración litúrgica y principalmente para el desarrollo posterior de la fe de los niños involucrados”.

Y así. Soy de los que cree que este tema debe ser revisado a consciencia. Y no para “acomodar” el mensaje o hacerle la vida más fácil a otros -como se defienden algunos- sino para hacer de esta Iglesia un lugar más humano, compasivo y para todos, sin exclusiones.

Sé que es un asunto complicado, donde hay teología, documentos, encíclicas y un montón de argumentos que pueden avalar la tesis actual respecto a la situación de los separados. Sin embargo, una mirada más humana, nos invita a hacer el esfuerzo para disponernos a un diálogo más abierto, sincero y fraterno. Por eso muchos esperamos con esperanza el resultado del Sínodo de la Familia del próximo 5 de octubre. Hay que dar esa pelea.

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MICHELLE, NO ME DEJE SOLO

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Estimada Michelle:

Yo voté por usted. Y no vaya a creer que fue fácil. Me muevo en el mundo de los que algunos de sus compañeros llaman “los poderosos de siempre” y por aquí no se le quiere mucho. Le cargan a usted todas las penas del infierno: la desaceleración, el desempleo, la incertidumbre, la delincuencia, el clima crispado, y ahora los bombazos. Por estos lados, muchos no la pueden ni ver. Y por eso algunos pocos que la apoyaron en diciembre pasado, simplemente le hacen la desconocida, para evitarse el bullyng y el mal rato.

Pero yo igual voté por usted. Me convenció con la idea de hacer cambios profundos para emparejar la cancha y asegurar que el desarrollo de Chile tocara la puerta de todos los hogares. Me creí el cuento. Y me lo sigo creyendo. Y aquí estoy, al pie del cañón. Como un náufrago en este bastión del mundo. Soportando el oleaje, el sol a toda hora, el viento pegando fuerte. ¡Haciendo patria compañera!…perdón, me excedí.

Por estos lados nadie habla su idioma y yo he tratado de evangelizar con su mensaje, pero sin resultados. Me he quedado sin argumentos. Usted me ha dejado sin argumentos. Me voy quedando solo. Tiene que ayudarme, darme una mano.

Y es que yo voté por usted, no por los Quintana, los Rossi y los Girardi. Me sedujo su discurso conciliador, constructivo y su “Chile de Todos”. Pero en estos meses casi no la he oído hablar. Resuenan más las excavadoras, las frases cargadas de viejas ideologías, palabras que invitan a la confrontación, caudillos que salen en patota a hacer valer su “inmensa mayoría”, como atribuyéndose sin más la mismísima voz del pueblo. Salga usted a marcar el territorio. Desempolve el discurso de diciembre pasado y renueve su mensaje de unidad.

Yo adherí a su invitación a un Chile más igualitario, pero no a cualquier manera de hacerlo. Aborde las reformas con el tiempo, la seriedad y la participación que ameritan. Reformas chicas, soluciones chicas. Reformas grandes, ¡grandes acuerdos! Sacúdase con fuerza y sáquese de encima los “enclaves ideológicos” y conforme mesas de trabajo amplias y representativas. Reedite la Mesa de Diálogo en una gran Mesa de Educación. Invite a técnicos, expertos, actores relevantes, exponentes de Gobierno y oposición. Lidere usted el mejor de los acuerdos y hágase famosa. Repita la fórmula para los cambios en el frente laboral, constitucional y de salud. No vaya usted a equivocarse, dándole la razón a tantos malos augurios que le desean todos aquellos que la quieren ver enredada en un nuevo Transantiago.

Hágale caso a Don Ricardo, tome usted una decisión política y no se deje tironear. Se olfatea a distancia que está en una posición complicada. La tironean los partidos de la Nueva Mayoría, le cobran la palabra los comunistas, le enredan la pita los DC, la joden los estudiantes, la calle y las encuestas. Tanta promesa que hizo en campaña le está pasando hoy la cuenta. Pero no piense usted en las cuentas por cobrar. Piense usted en lo que es mejor para el país y para todos los chilenos.

En el mes de la patria asuma una actitud republicana, recurra a su buena fe y ábrase a incorporar la opinión de quienes piensan distinto. El azar no es nunca tan azaroso para dejar sólo en su coalición las más grandes ideas y los caminos más acertados para alcanzar los sueños de todos los chilenos. En la vereda del frente se ven también aires de “chispeza” y aciertos que pueden ser un tremendo aporte para el mejoramiento de los proyectos que están en marcha. Enaltezca eso que llaman la buena política y que escasea por estos días.

Presidenta, en sus manos está el presente y buena parte del futuro de Chile. De usted depende el éxito de las reformas que está emprendiendo. Y ¿sabe qué?, tengo la intuición (compartimos ese don) de que las cosas van a terminar bien. Pero no me deje solo. Dele usted una manito a mi intuición. Eso puede ayudar.

Feliz 18 Presidenta, y ¡viva Chile!

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DESCONFIAR DE LA DESCONFIANZA

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Un buen amigo decía: “prefiero confiar y asumir el riesgo, a tener que vivir desconfiando de la gente”. Bonita reflexión. Un hombre optimista. Pero por estos días, lamentablemente, su propuesta tendría escaso apoyo. Sería algo así como una isla solitaria en medio del océano o si usted lo quiere, una aguja de confianza en un enorme pajar de desconfianza y recelo.

Y es que hoy campea la desconfianza. Desconfiamos de la Iglesia y sus abusos. Desconfiamos del empresario, sus cascadas y colusiones. Desconfiamos de los políticos, de sus prácticas y promesas incumplidas. Desconfiamos de Isapres y Afps. Desconfiamos de la licencia médica de un empleado. Desconfiamos de la nana, sus excusas y su honestidad. Desconfiamos de ricos y pobres. Desconfiamos de izquierdas, centros y derechas. Desconfiamos del homosexual. Desconfiamos de los jóvenes y sus apariencias. Desconfiamos del mapuche. Desconfiamos del ateo, el agnóstico y del creyente. Desconfiamos de gobernantes y opositores. Desconfiamos de las reformas. Desconfiamos, incluso, de los acuerdos. Desconfiamos de la mujer que se embaraza al tiempo de iniciar una nueva pega. Desconfiamos de un bulto en el metro. Desconfiamos del taxista y su taxímetro. Desconfiamos de la ceguera del limosnero. Desconfiamos de quién carga la bencina. Desconfiamos de los nuggets de pollo. Desconfiamos del obrero. Desconfiamos del cuidador de autos. Desconfiamos de las encuestas. Desconfiamos de la justicia. Desconfiamos, desconfiamos, desconfiamos.

Llevamos tantos años ejercitando la desconfianza que ya nos hemos acostumbrado a ella. En su nombre, hemos levantado grandes murallas, hemos tomado distancia y hemos ido construyendo millones de ghettos que nos mantienen a salvo del resto, seguros en medio de nuestros cercanos y de nuestras propias convicciones.

Y sí. Hay razones de sobra para desconfiar. Pero lo que no hemos intentado todavía es desconfiar de la desconfianza. Si usted se fija, entenderá que la práctica de la sospecha nos ha dejado en un estado de alerta tan grande que estamos perdiendo la posibilidad de creer. Creer en la amabilidad de las personas. Creer en quién nos ofrece ayuda. Creer en las buenas intenciones. Creer en la buena fe. ¿Se da cuenta?La desconfianza ya tiñó nuestra mirada.

Si nos propusiéramos desafiar a la desconfianza, nos daríamos cuenta que hay curas admirables, que Óscar Schindler no es el único empresario loable en el mundo y que todavía hay entre los rincones de La Moneda, las rendijas de la oposición y las butacas del Congreso, política de la buena. Nos convenceríamos que los mapuches, en su gran mayoría, no son flojos ni violentistas y que las nanas son un ejemplo de servicio, esfuerzo y sacrificio para miles de hogares chilenos. Nos abriríamos a aceptar que hay jueces valientes e intachables y que muchos de los jóvenes con tatuajes, pantalón a medio izar y piercing, tienen mucho que aportar. ¿Me sigue?

Permítame usted desconfiar de la desconfianza. Tengo la sensación que hoy es más fácil ponerlo todo en duda, bajo la lupa de la sospecha. Es la coartada perfecta para seguir protegidos en nuestros ghettos y en nuestras formas de pensar. Dejar la desconfianza de lado, significaría salir afuera, ir al encuentro de otros, conversar y reestablecer, al fin, eso que llaman relaciones de confianza. Pero ya hemos perdido esa costumbre.

Haga usted el experimento, asuma el riesgo y acompáñeme a desconfiar de la desconfianza. Quizás demos vuelta la tortilla y le demos a mi amigo la razón.

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PERDÓN QUE ME META EN SU CAMA

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Probablemente usted no lo sabe. Incluso le podrá parecer un asunto anacrónico o, a estas alturas, irrelevante. Pero por estos días en las páginas del diario El Mercurio se generó una nueva discusión respecto a la moral sexual católica y al uso de anticonceptivos artificiales en el control de la natalidad. Fue el sacerdote jesuita, Jorge Costadoat, quién tiró la primera piedra al invitar a revisar la doctrina en función de la realidad y de los cambios que hoy viven las familias del mundo entero (muy lejos de lo que mandata la voz oficial de la Iglesia, por cierto).

El cura plantea, entre otras alternativas, la posibilidad de que la Iglesia se abra en el próximo Sínodo de la Familia a aceptar el uso de medios artificiales, o bien, dar mayor importancia a la libertad de conciencia de cada persona, pareja o matrimonio. Dicho sea de paso, la Iglesia acepta sólo métodos naturales de anticoncepción: billings o abstinencia sexual. Le puede gustar o no, pero es lo que dicta, al día de hoy, el magisterio.

Pero no es primera vez que Costadoat insiste en este punto. Ya lo había hecho meses atrás en la misma vitrina. Y allí encontró una férrea oposición: lo invitaron a “tener el coraje de formar su propia Iglesia, para acomodarla a sus gustos y a la sociedad actual”. Con ironía lo tildaron de “idealista ilustrado”, de “sacerdote innovador” y le enrostraron la ley natural, para intentar convencernos de la supuesta inmoralidad de éstos y otros actos afines al ejercicio de nuestra sexualidad.

Y todo porque los métodos anticonceptivos atentarían contra el plan de Dios y promoverían un “acto conyugal” infecundo. Pero, perdón que me meta en su cama, pero ya se metieron en la mía, ¿no son los medios naturales también un método que interviene el Plan de Dios? ¿no está pensado el Billings para, deliberadamente, controlar el nacimiento de una nueva vida? ¿no existe ahí un seguimiento consciente de la fertilidad para poder garantizar – al menos en un altísimo porcentaje- relaciones sexuales infecundas? Para ser justos, un condón cerraría la puerta, pero el Billings la dejaría junta, no abierta. Al final es un tema de probabilidades, casuística o efectividad del método. Pero ambos buscarían el mismo fin: controlar la natalidad, controlar el Plan de Dios… ¿o no?

Soy partidario de que cada pareja viva su intimidad como le parezca, de acuerdo a su realidad y su propio discernimiento. Para muchos la sexualidad es crucial, transversal y parte fundamental de nuestra vida, en toda su dimensión. Y por eso es sano que se viva plenamente. Como católico, tengo la sensación de que la fe no se juega en lo natural o artificial del método.

Lo que no me parece justo es que a los amigos del sombrerito y las píldoras se les ponga en el confesionario, y al resto, en un altar. Es esa cierta autoridad moral la que molesta, irrita y nos inspira, a algunos católicos, a levantar la voz y  escribir estas letras.

Es por eso que comparto la cruzada de Costadoat y la necesidad de, al menos, revisar estos temas. Le haría bien a la Iglesia y a quienes se sienten excluidos o marginados de ella. Ya veremos.

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LOS ANTIVALORES DE LA POLÍTICA CHILENA

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No sé si es porque estamos celebrando los 100 años de nuestro gran antipoeta Nicanor o simplemente porque estoy algo cansado de la dinámica que estamos viendo. Pero lo cierto es que me he animado a enumerar algunos de los antivalores que la clase política actual nos enseña todos los días, a cada hora, en todos los formatos posibles. Siéntese y tome nota. Quizás alguno le haga sentido.

  1. Quédese en el pasado. Cada vez que pueda, vuelva al pasado. Aunque eso signifique echar la vista atrás 40 años. Es recomendable abrir las viejas heridas y enrostrarlas cuando se le presente la oportunidad. ¡No vaya usted a perdonar o a dejar los rencores de lado! Es más conveniente mantener esa carta bajo la manga y sacarla cada vez que necesite recordarle al otro que tiene tejado de vidrio. Eso le dará a usted cierta autoridad moral.
  1. Si alguien de su colectividad piensa distinto, anúlelo. Las cosas están demasiado enredadas para tener que tolerar, además, a gente rara o distinta al lado suyo. Usted procure mantenerse siempre alineado al discurso de los de su tipo Y si alguien osara pensar distinto y decirlo, encárguese inmediatamente de él. No se tiente con eso de aceptar la diversidad. Cierre filas con los de su clase e intente anular a quién se ha descarrilado. Llámelo al orden. Invítelo a “fijar su domicilio” o acúselo de “traidor” o “vendido al sistema”. Eso funciona. Ignórelo. Hágale la ley del hielo. Si es posible, expúlselo de su grupo. Así usted y los suyos se sentirán más seguros. 
  1. Si está cometiendo un error, no lo admita. Siga adelante. Nunca debe usted mostrar debilidad o indecisión. Mucho menos dejar entrever algún paso en falso. La palabra “equivocación” no debe estar en su diccionario. Si la está embarrando, si sabe en su fuero interno que no está haciendo las cosas bien, si se los están diciendo una y otra vez….no importa, no cese en su tozudez, ¡siga adelante! No se le ocurra por ningún motivo admitir el error. Total serán otros quienes pagarán las consecuencias. No usted.
  1. Si alguien lo abofetea en su mejilla, ¡no le ofrezca la otra! Sáquele la cresta. Olvídese de los gestos de grandeza y fraternidad. Usted sólo cumpla con su aporte mensual al Hogar de Cristo y manténgase firme como un soldado ante cualquier agresión. Si alguien le dice a usted que es feo, vaya a buscar a sus amigos y en patota salga a enfrentarlo. La tuya y dos más. Dígale que él es mucho más feo. Descalifíquelo, humíllelo si es posible. Invente. Exagere. ¡No importa! Lo que vale es verlo derrotado. Y usted se sentirá nuevamente un vencedor, ¡un campeón!
  1. No encuentre nunca una idea buena si viene del otro lado. Usted debe entender que los más grandes pensadores estarán siempre entre los de su especie. Nunca en la vereda del frente. Usted debe andar siempre con su autoestima bien arriba, porque usted es un genio. Por azar del destino siempre estarán en su lado de la cancha las más grandes ideas y los caminos más acertados para alcanzar los sueños de todos los chilenos. Y si por alguna extraña razón, si por esas cosas que nos regala de vez en cuando la vida, ve cierta “chispeza” o algún acierto en un grupo o colectividad distinta a la suya….¡no flaquee! Aunque usted y yo sepamos que la idea es un gran aporte, calle. No vaya usted a reconocer la ocurrencia.
  1. Evite los acuerdos. Defienda siempre su punto de vista ¡A rajatabla! Que no le importe a usted la mirada de quién tiene al lado. Si piensa distinto, ¡allá él! No es bueno buscar consensos, aunque eso signifique hacer mejor las cosas. Eso le hará perder terreno…y posición. Hacerlo es señal de debilidad. Sea prepotente, impóngase y hágase notar.
  1. Promueva la inconsistencia. Si bien la inconsistencia es parte esencial de todo ser humano, usted debe practicarla con más entusiasmo que el resto. Hágalo a vista y paciencia del mundo entero. A tal punto de irritar a las personas y de desafiar al sentido común. Condene a ultranza las dictaduras en su país y ensálcelas en otros. Eleve banderas a favor de la transparencia y defienda la reserva de sus gastos en campaña. Apunte con firmeza a los “poderosos de siempre” y siga viviendo como rey. Enaltezca la ley y ande por el borde, beneficiándose de las malas prácticas. Demonice al lucro y lucre. En fin. La lista es larga.

 Y así. Querámoslo o no, es lo que la clase política nos está enseñando todos los días. Y el tono de la discusión que vemos por televisión o en titulares de prensa, se transmite luego a la oficina y a sobre mesas de fin de semana, con la misma virulencia que nos han acostumbrado. Lo que sorprende es que son antivalores que están tan instalados que ya son parte del paisaje, invisibles a los ojos. Son las reglas del juego.

Pero en honor a la verdad, hay todavía política de la buena. En algunos rincones del Gobierno, entre las rendijas de la oposición, entre las butacas del Congreso, existen todavía destellos de eso que llaman la buena política. Esperemos que aparezca de una buena vez. Como dijo el viejo Nicanor: “la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”.

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CARDENAL, UNA PREGUNTA: ¿QUÉ HACEMOS CON LA DISCRIMINACIÓN EN LA IGLESIA?

Monse–or Ezzati

La Iglesia Católica salió nuevamente al ruedo de la Reforma Educacional. Esta vez fue el Cardenal Ezzati quién respaldó la iniciativa del Gobierno, señalando que “la Reforma es absolutamente necesaria” y que el fin al lucro es “una gran nueva noticia, si es que deja libertad de acción”. Bonito gesto. Sobre todo si lo que busca la Iglesia (y otros actores) es defender la libertad de enseñanza, de culto o de religión. Apoyo la moción. Libertad ante todo, libertad siempre. Interesante debate. Pero como no soy experto en temas de Educación y el asunto está más enredado que moño de vieja, prefiero dar un pie al lado y concentrarme en otra cuña que nos regaló hoy el Arzobispo.

El asunto es que Ezzati, en el mismo tema, dijo estar convencido de que “la no discriminación es una gran cosa, siempre que se entienda que en educación el principio fundamental es el de la confianza”.

Extraordinaria declaración. No puedo más que estar de acuerdo y celebrar los dichos del Cardenal. La discriminación, como dijo hace algunos meses el Ministro Eyzaguirre, “hiere el alma de Chile”. Como una estocada, daña y menoscaba.

Pero Cardenal, tengo una pregunta. Aprovechando que fue usted quién puso el tema: ¿Qué hacemos entonces con la discriminación en la Iglesia? ¡¡No, no!!…no se me escape….no me mal interprete. Mi intención no es molestar. Se lo comento en buena lid y sólo con la idea de tratar un tema que, al menos a mi, me mantiene despierto.

Y es que yo siento que, “en nombre de Dios”, se discrimina. Todos los días, a toda hora. Hay personas, que por su condición, se les margina de la mejor parte de la fiesta. Se les deja, literalmente, abajo de la mesa. No pueden comer el pan y el vino que usted, y tantos otros sacerdotes, preparan con tanto cariño y esmero. Y no son uno, ni dos, ni diez. Son miles los católicos que viven el rechazo y la exclusión. Y lo que más lamento, es que se trata de un grupo que ha sufrido… y mucho. Por lo mismo, a veces pienso que merecerían incluso ser los primeros de la fila. Pero no. Ni siquiera está reservado para ellos el último puesto. Lisa y llanamente no pueden comulgar. Y me refiero, por ejemplo, a separados que han decidido rehacer sus vidas con otra persona o a homosexuales que viven su sexualidad a plenitud. Todo, en busca de la felicidad.

Sé que se trata de un tema complejo y espinudo. También sé que hay cerros y cerros de papeles, documentos teológicos, concilios y una vieja doctrina que ampara los argumentos de la Iglesia para defender su postura y su sanción. También entiendo que la misma Iglesia ha creado instancias de apoyo y acompañamiento para estas personas. Y lo celebro. Pero aún así, no todos somos tratados de la misma forma. Y es bueno reconocerlo. Hace sólo algunos días una mujer separada (extraordinaria mujer) que rehizo su vida hace más de veinte años, me decía: “estas exclusiones y barreras que nos pone nuestra Iglesia hace que algunos de nosotros sienta tristeza en el alma”. ¡Después de veinte años!…hay todavía tristeza en el alma. ¿Se da cuenta?

A estas alturas, ¿vale la pena luchar por esta humilde cruzada? Honestamente, creo que ya hemos perdido varios adeptos que, decepcionados, han decidido largarse fuera de las fronteras de la Iglesia por sentirse discriminados. Sería una suerte de autoexilio. Y a ellos, por más que insistamos, ya los daría por perdidos. Pero hay otros por los que vale la pena dar la pelea. Por aquellos que aún están dentro y siguen sintiendo “tristeza en el alma” y por nuestros hijos, para que crezcan en una Iglesia más humana y compasiva.

El tema da para largo. Pero así como usted hoy defendió con decisión la “no discriminación” en la Educación, algunos católicos soñadores, idealistas o insurgentes (pensarán otros), esperamos algún día poder comer todos juntos en la misma mesa, sin que nadie quede abajo.

Arzobispo, con todo respeto y en medio del mes de la solidaridad, le dejo planteada esta «pequeña» inquietud.

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CARTA ABIERTA A ACCIÓN FAMILIA POR FIRMAS DE PROTESTA A FELIPE BERRÍOS

berrios

Estimado Luis Montes, Director de Acción Familia:

Por medio de las redes sociales he recibido una carta suya, en nombre de la Fundación Acción Familia, solicitando firmas para protestar contra el sacerdote Felipe Berríos por sus públicas declaraciones respecto al matrimonio homosexual y otras materias. La recolección buscaría respaldo entre el mundo católico para hacer llegar la misiva al Nuncio Apostólico y al Provincial de la Compañía de Jesús, pidiéndoles un pronunciamiento de su parte.

Al respecto, y con todo respeto, me gustaría comentar su entusiasta iniciativa.

  1. En primer lugar, celebro su derecho a plantear con firmeza y claridad su molestia y disconformidad a las autoridades eclesiásticas por las frases que nos regaló Felipe Berríos. ¡En todo su derecho está! Por lo demás, convengamos que este jesuita es harto insolente, puntudo y falta de tino, ¡Bien le vendría un tirón de orejas!…otro más, en realidad.
  1. Sin embargo, sospecho que aún sancionándolo, enviándolo a las mazmorras, atándole un bozal o incluso expulsándolo más allá de las fronteras de nuestra Iglesia, no se acabará la rabia. No. Aún muerto el perro, la rabia no se terminará. Lamento desilusionarlo, pero a mi entender Berríos es sólo la punta del iceberg de un puñado de católicos que añoran con esperanza una Iglesia más humana, inclusiva y compasiva. Y por eso muchos lo siguen y lo celebran, porque en el fondo de sus mensajes (a pesar de que pueda equivocar sus formas) algo hace sentido.
  1. Pueden ser decenas, cientos o miles. Honestamente no lo sé. Pero así como hay quienes están dispuestos a poner su firma en la carta que usted promueve con decisión, hay otros tantos viviendo bajo el techo de la misma Iglesia que preferirían escribir una carta distinta, en apoyo a las cuestiones que Berríos (y otros) ponen en la agenda pública. Y eso es porque agradecen que la lista de los denominados temas valóricos se ensanche más arriba de la cintura y que se promueva una Iglesia comprensiva de la dimensión humana, con todas sus pifias.
  1. Respecto a la causa que usted defiende (no al matrimonio homosexual) debo admitir que corre con ventaja. Sin ser un hombre letrado en cuestiones del evangelio, teólogo o experto en derecho natural, entiendo que la voz oficial de la Iglesia lo avala en su cruzada. Además no se puede omitir que es un tema complejo. Pero ¿sabe que?… hay una cosa que me gustaría destacar. Y es que honestamente y mirando de frente a un homosexual, no veo la maldad en sus ojos o, como usted cita, no siento que su unión sea “obra del maligno”. Para mi son, lisa y llanamente, obra de Dios. Y pienso que ellos, merecerían compartir el mismo pan y el mismo vino en la mismísima mesa en la que usted y yo comemos. Como dice un cura amigo, si el mensaje de Dios no es para todos, no es para nadie.
  1. Sé que en esta parte me dirá que lo que yo diga al respecto da lo mismo y que he desafiado a la doctrina… y eso no se hace. Además me citará textos, papers, concilios, el antiguo y el nuevo testamento para contrarrestar mi tesis. Y sé que esa es la doctrina de la Iglesia…pero no sé si es la de Jesús. Él desafió las leyes de su tiempo y por eso lo mataron. Algunos creemos, humildemente, que la doctrina puede ser, al menos, revisada….para que todos se sientan hijos de Dios, a pesar de su condición.
  1. Sinceramente no pretendo con esta carta abierta cambiar su posición ni menos la de la Iglesia. Pero si me parece justo constatar que en la misma Iglesia, la suya y la mía, al lado de la fila de personas que están firmando su carta de protesta, existimos otros católicos que, en recta intención, esperamos vientos de cambio. Y es bueno que el Nuncio Apostólico y el Provincial de la Compañía también lo sepan, para que el tirón de orejas a Berríos no sea para tanto.

Atentamente,

Matías Carrasco

 

PD: para quienes quieran ver la carta de protesta ir a http://www.accionfamilia.org/decadencia-occidente/ay-de-aquel-que-escandalice/

 

 

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EL CUENTO DE LA SEÑORA NORMA Y DOÑA DOCTRINA

VIEJA

La señora Norma vive en la Iglesia hace varios años ya. Ordenada y disciplinada, Norma sabe bien lo que quiere y se lo hace saber también a quienes la rodean. Su firmeza y claridad lo heredó de su madre, Doña Doctrina, una mujer de armas tomar, docta y preparada. De aspecto serio y reflexivo, Doña Doctrina disfruta hablándonos de lo humano y lo divino. Y lo hace en un lenguaje elevado (porque ella es muy culta), pudiendo sólo algunos pocos privilegiados comprender el verdadero sentido de sus palabras.

La Señora Norma y Doña Doctrina nos han dicho durante más de dos mil años lo que es correcto y lo que no. Lo que podemos y no podemos hacer. Lo que es del gusto del mismísimo Dios y lo que nos hace alejarnos de Él, por estar en falta. Y así se han hecho de un grupo grande de seguidores, que acatan a pies juntillas lo que las señoras dicten. No importa si tiene o no sentido, si genera o no daño, pero si lo dijo Norma o Doctrina, es palabra y se cumple. Así no más. ¡Y vaya uno a desobedecer a Norma!… lo mandan a uno contra la pared. ¡Para qué decir levantarle la voz a Doctrina!…corre el riesgo de ser expulsado a las mazmorras.

Pero no son malas personas. Es sólo que a veces las traiciona su avanzada edad, la fuerza de sus argumentos, su resistencia al cambio y la interpretación que algunos de sus fieles discípulos hacen de sus palabras (como hablan en difícil, cada cual interpreta lo que quiere).

La cosa es que un puñado de honestos feligreses han querido reunirse en los últimos días con la Señora Doctrina, pero sin suerte. Ahí aparecen sus escuderos, hombres y mujeres que la protegen de cualquier acercamiento.

– Hola. ¿Está la Señora?
– No, no está na ¿Qué quiere?
– Quería conversar una palabrita con ella. Es que las cosas han cambiado un poco allá afuera. Y hay gente, buena gente, que la apuntan con el dedo sólo por vivir alejado de lo que manda a decir la Señora Doctrina, o sus mensajeros ¿No tendrá un minutito?
– No, ya le dije que no. Y no vuelva a molestar.
– ¿Y me daría su email?….es que quería contarle de Daniela y Carlos, una pareja que después de pasarlo mal y pelearla harto terminaron por separarse, rehaciendo sus vidas. Y hoy sufren por no poder comulgar. O de Gustavo y Óscar, dos cabros que están descubriendo su condición y le han dado rienda suelta a su pasión. Y también sufren, porque algunos consideran que son «admisiblemente inmorales». O de los Gutiérrez, que han optado por métodos anticonceptivos para ejercer su paternidad responsable. ¿Qué hago con ellos? ¿qué les digo? ¿los mantengo fuera de la ciudad amurallada? ¿los dejo abajo de la mesa?…es que perdóneme, pero no veo dejos de inmoralidad en sus ojos…
– ¡Basta ya!, la Señora Doctrina ya dijo lo que tenía que decir y ya está.

Y así no más. Es difícil hablar con Doctrina. Su guardia real lo impide. Sus razones tendrán. Pero también las tienen quienes insisten en tomarse un café con ella. Y no es por flojera o por querer hacer de este mundo un antro de pécoras e inmorales, para disfrutar sin trabas de la orgía. No, para nada. Sólo quieren hablar con la Señora para sugerirle revisar sus enseñanzas y ponerlas al servicio de una Iglesia más cercana, humana e inclusiva. Así todos gozarán alegres del banquete, sentados en la misma mesa.

PD: Por estos días se celebra en Roma el Sínodo de la Familia, donde 191 Obispos se reúnen en torno a los grandes temas que atraviesan a las familias del mundo entero: el matrimonio, el divorcio, métodos de anticoncepción, uniones del mismo sexo, entre otros asuntos. Algunos confiamos que, en esta oportunidad, Doña Doctrina y sus escuderos  abran la puerta y se dispongan a escuchar. El Obispo belga, Johan Bonny, ya ha planteado algunas reflexiones en este punto (http://www.sinodofamilia2015.wordpress.com/). También lo hizo el Cardenal alemán, Walter Kasper (http://www.reflexionyliberacion.cl/articulo/3785/cardenal-kasper-algunos-cardenales-temen-que-todo-colapse-si-se-cambia-algo.html) y últimamente el teólogo vasco José Antonio Pagola (http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2013/05/29/pagola-creo-que-francisco-sera-el-ultimo-jefe-de-estado-del-vaticano-religion-iglesia-libros-ppc-jesus-evangelio.shtml).

Sé que este es un tema espinudo, complejo y difícil para nuestra Iglesia. Sobre todo porque existen fundamentos teológicos e históricos que sustentan muchas de las decisiones de Doña Doctrina. Sin embargo, quienes golpean a la puerta de la Señora, también tienen lo suyo: son historias, sufrimientos, testimonios y pedazos de humanidad que merecen, al menos, ser escuchados y revisados en un diálogo sincero, abierto y fraterno.  Sin miedo, sin prejuicios, sin condena.

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JUGAR CON ARENAS

arenas

Siempre jugué con Arenas. Era la máxima entretención de todas nuestras vacaciones. Castillos, murallones, figuras humanas y largas pistas de carrera. De todo hacíamos en la playa con Arenas. El balde, la pala y el rastrillo eran también parte de ese entretenido panorama.

Pero algo pasó en este último verano. Jugar con Arenas ya no fue lo mismo. Definitivamente algo cambió. Ya no sólo dejó de ser divertido, sino que se convirtió en algo tedioso, aburrido y serio. Incluso algunos decían que hasta podía ser peligroso seguir jugando con Arenas. Pero yo no creía. Lo que si debo reconocer es que la Arenas se puso más caliente, a veces intolerable. Entonces debía andar con chalas, a saltos, con mucho cuidado, porque de lo contrario, me podía quemar.

Lo último que logré hacer con la Arenas fue dibujar un gran corazón. Lo hice medio a la rápida si, pero me quedó bien. Me sentí encachado y orgulloso. El único problema era que no se podía tocar. Y no porque yo no quisiera, sino porque la Arenas impedía hacerlo. Claro, porque era como blanda, entonces al mas mínimo contacto, el corazón que había hecho con tanto esfuerzo se derrumbaría.

Y así pasó un buen tiempo. Y el corazón continuó ahí, intacto. Pasaron los poderosos de siempre, la clase de al medio y la mismísima señora Juanita. Todos quisieron tocar la obra que había construido. Pero no hubo caso. La Arenas se encargaba siempre de impedir cualquier acercamiento. Bastaba sólo que alguien rondara a centímetros del corazón, para que los granos comenzaran a desprenderse, como una amenaza.

Hasta que un buen día de la semana recién pasada, decidimos hacer un acuerdo con todos mis amigos. Bueno, casi todos en verdad. A Rojo ni siquiera lo llamamos y a Udigoyen tuvimos que traerlo casi a la fuerza, porque no se animaba a venir. Y con ellos convenimos un trato: si no podíamos tocar el corazón de Arenas, al menos queríamos adornarlo, con guirnaldas y coronas….no, no para tanto. Pero sí enchularlo, para que no se nos fuera a derrumbar a la primera.

Y así lo hicimos. Y quedó lindo. Bueno, algunos decían que en realidad era mejor ni tocarlo, mientras otros se quejan todavía de que a pesar de todos los esfuerzos, nuestro corazón igual se vendría abajo.

En fin, lo importante es que volvimos a disfrutar como antes. ¡No es para revolcarme con la Arenas ni mucho menos! Pero volvimos a jugar juntos. Por ahora.

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