
Dan ganas de llorar. Es el sentimiento que tengo. No es rabia. No es indignación. Es una tristeza honda e inesperada. Es extraño. Había tenido otras tristezas, pero no una como ésta. Debe ser la violencia, pienso. Eso me pone mal. Es el ímpetu y esa fuerza abrumadora que quema, destruye y mata. Chile se fracturó por una patada bien fea.
Dan ganas de llorar. Ver a otros celebrar, sonreír o fotografiarse frente a la tragedia, es para llorar. ¿No entienden la derrota de un país? Es la ira desatada. Es la revancha que soñaron. Es la réplica furiosa a una desigualdad inmoral. Aún si ganaran. Todavía si quemaran toda esta tierra. ¿Qué queda? ¿Cuál es la victoria? Tal vez sea la venganza y el sabor de ver al poder de rodillas. ¿Qué más? ¿Qué nos deja un país en llamas y sus muertos? Chile se levantó, pero pisoteando, y fuerte, esa dignidad que con justicia dice reclamar.
Dan ganas de llorar. No conocía hasta ahora el odio de Chile. Motivos habrán, pero ver el rostro del desprecio, su palabra destemplada, sus ojos idos, sus piedras y sus armas, me abate. El ser humano contra el ser humano, es la escena más feroz. Se enfrentan como si fueran animales, jaurías furiosas, enemigos. Pero son personas. Seguramente al milico lo espera en su casa una mamá angustiada, parecida a la madre del cabro que anda prendiendo fuego en las estaciones. Familias similares, sencillas, que padecen los mismos males de la marginalidad y la pobreza. Pero ahí están, midiéndose, azuzándose, jugando con la muerte.
Dan ganas de llorar. Ver a un país quebrarse de la noche a la mañana, nos deja perplejos. A pesar del ruido, de las sirenas, de los helicópteros, del estruendo, de las cacerolas y bocinazos, siento silencio. El silencio de tantos que no saben qué decir, qué explicar, qué esperar. El silencio de la impotencia. La boca muda que nos deja el miedo. Ya sabemos. Nos lo han dicho. Fallamos. Durante décadas no vimos lo que hoy nos están enrostrando con la luz del fuego. Falló la política, la elite y quienes gozamos de privilegios. Nunca lo quisimos ver. Como dice un buen amigo, habrá que hacerse cargo.
Dan ganas de llorar. La política, tan importante, aún con todas sus pifias, tan relevante para la democracia, ha mostrado su cara más mezquina. No podría decir que son todos, pero he visto en estos días declaraciones cargadas de ideología, de oportunismo y que solo buscan llevar agua a sus propios molinos. Autoridades, incapaces de condenar la violencia. Otros que apoyan el alzamiento, sin distinción. Algunos, caradura, que buscan culpar al gobierno de turno de este embrollo, exculpándose ellos como si fueran impolutos, como si esto se tratara de una historia reciente. Malas noticias. Izquierda y derecha, han sido vencidas.
Dan ganas de llorar. Por la convivencia quebrada. Por los chilenos. Por nuestros hijos. Por el país. Tal vez haya que hacerlo. Llorar un buen rato, para que después llegue la calma y la reflexión, muy necesaria en estos días.
Por Matías Carrasco.








