EL MATIZ

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Un matiz, según el diccionario, es la variación leve de tono o grado de luminosidad que pude presentar un mismo color. En música, el matiz es cada uno de los distintos grados o niveles de intensidad o de ritmo en que se realizan uno o varios sonidos. Es decir, el matiz nos enseña que una cosa, por clara que la veamos ante nuestros ojos, puede graduar a algo distinto. Dependerá de las mezclas que hagamos o de los ángulos que utilicemos para descifrar un hecho.

Pero nos han enseñado que lo importante es tomar una postura clara, sin contrastes ni ambigüedades. De lo contrario, correrá el riesgo de parecer un tipo blando, difuso, una jalea que no termina nunca de cuajar. Pero en los tiempos que corren, en el Chile interrumpido, en un país que se nos polarizó, el matiz puede ayudarnos a cuidar la convivencia y la democracia.

No es fácil matizar. Hay que estar dispuesto a hacerlo. Eso requiere de apertura y de pensamiento. A veces duele la cabeza. ¿Cómo diferenciar en medio del caos y la incertidumbre? ¿Cómo discernir cuando la vehemencia marca el ritmo de la discusión? Lo que sigue, es plantear el matiz. Decirlo. Atreverse a decirlo. Lo pueden acorralar e intentarán llevarlo a los extremos. No hay espacio a los puntos intermedios. Si plantea un “pero” lo podrán acusar de tolerar la violencia o los saqueos, o bien, de propiciar las violaciones a los derechos humanos.

Es tentador quedarse en la trinchera, disparando, con la cara rayada, gritando en la embestida. Allí se vive el calor de la refriega, la adrenalina, el gozo de sentirse bueno y parte de la historia. Pero en los hoyos de guerra, a ras de piso, no se tiene ni la calma ni la perspectiva para ver todo el campo de batalla. Entonces los matices, más fomes, menos estridentes y decididamente más impopulares, se hacen importantes.

El pensamiento rígido y absolutista no se moverá. Antes, adecuará toda la realidad, aunque parezca una locura, aunque sea mentira, a la idea que ya se fijó en su cabeza. Es la dinámica del todo o nada, de lo blanco o lo negro. Lo que se busca es imponer una mirada. Es la interpretación más simple de la vida. Las cosas son o no. Es intentar resolverlo todo en un solo tweet. Es lanzar un grito y taparse los oídos.

El matiz, en cambio, ofrece algo distinto. No persigue la victoria, sino el entendimiento. Puede hacernos modificar nuestra opinión. Las cosas son y no son. El victimario puede ser también víctima. El violento puede ser también violentado. Es la búsqueda de respuestas complejas para un mundo confuso. Los matices no se muestran en un tweet o en una consigna que aleona, sino en una novela larga e intrincada que hay que saber leer. Es plantear un punto y sentarse a escuchar.

No conviene seguir cultivando un Chile de posiciones inamovibles. El lenguaje y el pensamiento también pueden ser una piedra, una bala o una bomba de fuego. No acabará así la pelotera. Debiéramos hacer el ejercicio, siempre a la mano, de abrirse al diálogo y a las miradas del otro. No con el escudo de quién se prepara para una contienda, sino con el cuerpo echado atrás y las manos sobre la cabeza, ojalá con una botella de tinto, como quién se dispone a una larga y animada conversación.


Por Matías Carrasco.

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