HACE FALTA CARIÑO

cariño

Hace años que trabajo asesorando a distintas empresas. Nuestra tarea, junto a mis socios y un buen equipo, es orientar y entregar las herramientas para construir cultura y fortalecer la propuesta de valor interna de distintas compañías. Aquello que los hace únicos y los diferencia de otras organizaciones.

Las problemáticas se van repitiendo. La fórmula del éxito de otros años ya no basta en los tiempos de hoy. La irrupción de nuevas generaciones, la transformación tecnológica y las nuevas demandas de empleados más informados y empoderados, ha puesto de cabeza a ejecutivos y directorios que intentan sortear las dificultades de un mundo distinto y desafiante.

Algunos buscan más eficiencia. Otros, mayor productividad, alineamiento estratégico y equipos de alto desempeño. Muchos están embarcados en la aventura de subirse al carro de la era digital y la omnicanalidad. Y algunos luchan por convertirse en buenos lugares para trabajar.

Con todo, independiente de la misión que se emprenda, aparece un elemento común, básico y primordial, para alcanzar cada uno de los objetivos propuestos. A las empresas les hace falta cariño. Así no más. Es una conclusión personal e intuitiva, pero fruto de mi experiencia con compañías pequeñas, medianas y de gran tamaño.

A todas ellas, unas más que otras, les falta cariño y una preocupación genuina por el ser humano. Incluso grandes firmas, de prestigio internacional, han declarado que ya no basta ser empresas admiradas, sino que desean también ser queridas. Y ahí está la madre de todas las batallas.

Se trata de una montaña difícil de conquistar. Sobre todo porque no es un asunto de promesas y declaraciones, sino más bien un tema de convicciones profundas y que se viven y experimentan en la experiencia cotidiana del trabajador. Aún con todo el conocimiento, la metodología, los procesos y la literatura del mundo, es imposible fingir cariño.

Suena cursi, pero es real. Una empresa cariñosa, es aquella que cuida y se preocupa por sus personas. Es un lugar donde se respeta la diversidad y la opinión de todos. Allí escasea la voz autoritaria y de mando militar. Escuchar es una práctica que debe hacerse en forma periódica. Celebrar los logros debe ser un mandamiento y reconocer el trabajo bien hecho un acto de justicia. Habrá que estar atentos al bienestar de los empleados, de sus familias y sus necesidades. La honestidad y el respeto para decir lo que falta, será también crucial. Y en los momentos difíciles, la mirada humana debe estar, aún, más presente. Pero, principalmente, el cariño está en la superficie y en la hondura de las relaciones de todos los días: cercanas, horizontales y de confianza. El miedo y la amenaza, deben iniciar la retirada.

Yo hablo de cariño, pero hay algunos que van, felizmente, más allá. Josefa Monge, co fundadora y Directora de Cumplo, en el último Congreso Chileno de Marketing de ICARE, se refirió a la necesidad de crear empatía en las empresas, de ese imbatible poder de sintonizar con el estado del alma del otro. “La empatía construye comunidad”, dijo. Y donde no hay empatía, hay exclusión, enfatizó. Y donde hay exclusión, sugiero, nunca habrá vínculo, compromiso y, menos, cariño.

El desafío es enorme, pero fascinante. Se trata de un cambio cultural y, para muchos, generacional. Hay que echar abajo paradigmas y levantar una nueva manera de hacer empresa. El liderazgo también debe cambiar. Quizás más femenino, más afectivo y más humano. El cariño es hoy un asunto de sostenibilidad.

 


Por Matías Carrasco.

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Un comentario en “HACE FALTA CARIÑO

  1. Domingo Valdés dijo:

    Estoy de acuerdo en que las empresas tienen que hacer un esfuerzo adicional para humanizar la compañía, y en ese contexto, es evidente que a las empresas les hace falta cariño, pero creo que ese cariño tiene que ser mutuo, recíproco, entre la empresa y el colaborador. Nosotros, los que somos empleados, también debemos un cariño hacia a la empresa, el cual debemos estar agradecidos: agradecer cada día que tenemos trabajo, agradecer la oportunidad que nos han dado para desarrollarnos profesionalmente, agradecer la posibilidad de hacernos crecer como personas y junto a nuestras familias. El cariño que cada uno le debe tener a su empresa, es tan importante, como el cariño que la empresa le debe tener a cada uno de sus colaboradores. Aquellos que le tienen cariño a su empresa, realizan su trabajo pensando y asumiendo como si la empresa fuera propia. Cuidar la empresa, cuidar el clima laboral, ser partícipe activo del bienestar personal y de la comunidad, son todas acciones que se traducen en un profundo cariño por la compañía donde uno trabaja.

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