La teoría del charco de agua

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Siempre he pensado en la relación de los autos con la sensibilidad. Sí. Es cierto. Suena extraño, pero hace rato ronda en mi cabeza la idea de que mientras más grande el auto, más perdemos sensibilidad. Y me refiero a esa capacidad de sentir, de conectarse con lo que pasa allá afuera, tras la ventanilla, más allá del capó. Intuyo que mientras mas gruesa la carrocería, más lejos estamos de la realidad.

Es una tesis imprecisa, absurda, pero que al menos a mí, me invade de vez en cuando, de cuando en vez.

Y el asunto no solo  tiene que ver con el grosor de los fierros, sino también con la frecuencia y el tiempo que ocupemos instalados en las butacas del automóvil. De acuerdo a mi fórmula, más grosor y más frecuencia, significan irreductiblemente más distancia con un mundo que hemos dejado de mirar y escuchar, por estar solos y concentrados en semáforos, pistas, autopistas, bocinas y, como no, en adelantar, sobre todo, en adelantar.

Y el fenómeno se acentúa si incluimos en este  improvisado teorema, la velocidad. Si sumamos a la anchura de las puertas y el chasis, la periodicidad de la práctica y el hábito de acelerar siempre frente al volante, el abismo entre nuestras vidas y las vidas de otras vidas se hará aún más hondo.

La prueba científica está en un charco de agua. Vea usted. El paso fugaz y presuroso de un auto sobre un pozo de agua estancada en un día de lluvia, salpicará imperceptiblemente sus pies de goma, pero empapará y estropeará el día de otras personas que andaban pasando a su lado. De nuevo, la distancia y la pérdida de sensibilidad. Entre los fierros, en nuestros protegidos ghettos de cuatro ruedas, petroleros o bencineros, ni nos enteramos de lo que va sucediendo afuera.

En Chile andan dando vueltas cerca de ocho millones de vehículos. La cantidad ha aumentado en más de un 40% en los últimos 15 años. Son ocho millones que transitan distanciados – centímetros más, centímetros menos- de miles de historias que andan esperando un encuentro. Perdemos, día a día, esa oportunidad.

Quiźas la creciente desconfianza en Chile no sea solo por el desprestigio de la política, las colusiones, la corrupción y los abusos. Quizás la desconfianza también tenga que ver con nuestra manera de andar por la vía…y por la vida.

No crea que lo mío es tan al azar. Yo ya lo medí. Mi vida está a 17 centímetros del resto y estoy empeñado en acortar la distancia. Mañana salgo, nuevamente, a caminar.


Por Matías Carrasco.

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4 thoughts on “La teoría del charco de agua

  1. Adriana Amtmann M. dice:

    De acuerdo contigo Matìas y aùn mas, el abuso del auto es , lejos de lo que algunos creen INCULTURA. En los paìses cultos se usa cada vez menos.

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  2. Excelente comentario una vez más Matías. Soy peatona, y no encuentro más humillante y vejatorio que un día de lluvia un auto te moje entera de pies a cabeza. Me ha pasado más de alguna vez, y siento una impotencia infinita de no poder mirar la cara al que va en el volante.

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