ENFERMOS

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Chile está enfermo. Quizás el frío del último invierno o los helados vientos que arrastra la cordillera tienen al país resfriado y con un permanente malestar.

La fiebre es alta. La temperatura aumentó y no da tregua. Los ambientes están caldeados,  los bosques arden y en las calles arrecian los de sangre caliente.

Seguro hay una infección. Los síntomas están en el Estado, en el Gobierno, en el Congreso, en la empresa, en el Ejército y en la Iglesia. Pero las causas están más abajo, más profundo. Y algunas no las vemos. No las queremos mirar. Debe ser por miedo a los exámenes, a las agujas y, como no, al dolor.

Hace rato que estamos medios enfermos. Y es bueno saberlo. Un diagnóstico certero y a tiempo puede salvarle a Chile, a usted y a mi,  la vida.

No nos engañemos. Los analgésicos no han servido de nada. Anestesian, ocultan, mantienen a raya la temperatura,  pero no curan la enfermedad. Y mientras no enfrentemos la verdad, por cruda que sea, no mejoraremos jamás.

Porque eso público que tanto aborrecemos, que tanto condenamos, que con tanta fuerza apuntalamos, no es más que el reflejo de la vida privada de buena parte de Chile. La infección, fea y hedionda, comienza por casa.

Si un hombre es capaz de sacarle los ojos a una mujer es porque nació, creció y vivió en una sociedad violenta, cobarde, golpeadora,  que no respeta a la mujer, que no la valora, que le cierra espacios de verdadera participación. La hombría alfa, esa maricona hombría,  ese machismo alcoholizado y agresivo, sigue siendo una patología estúpida y peligrosa, pero lamentablemente popular.

Si un joven  evidentemente enfermo es casi devorado por leones y encuentra entre la gente repudio y azotes, es porque está en una sociedad que perdió la sensibilidad, la compasión, la sensatez y esa práctica de ponerse en el lugar del otro. Por eso en Chile la depresión campea y el suicidio lidera rankings internacionales. Hay que conocer esa historia y ese dolor antes de dictar sentencia. Chile es todo menos un país contenedor. El éxito es la cumbre y el fracaso una miserable condición que conviene esconder bajo la alfombra. Tristemente, no hay espacio a los débiles.

Si cabros encapuchados queman, delinquen,  destrozan y matan es porque estamos en una sociedad que ya no habla, no dialoga, no escucha razones, no quiere conversar. Somos un país intolerante. En vez de persuadir buscamos aplastar y aniquilar al adversario. Más que argumentos se escuchan ofensas y garabatos. Más que puentes se han levantado murallas, teléfonos y tablets que aíslan, marginan y nos mantienen separados. Pocos, realmente, se miran a los ojos.

Chile está enfermo, pero no terminal. Hay tecnología, hay medicinas, hay especialistas. Sólo falta que el enfermo asuma su estado y se quiera mejorar. Yo me voy. Nos vemos en el hospital.


Por Matías Carrasco.

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10 thoughts on “ENFERMOS

  1. g2-17181fad723e0f13b18d355081e76e07 dice:

    Chile está enfermo. Idealizamos y levantamos a Germán Garmendia (Hola soy Germán) como el loco de culto. Y le damos portada en dos revistas de alta lectoría.

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  2. Sergio Seguel M. dice:

    Matías gracias por tus reflexiones y columnas, estoy suscrito y me llegan regularmente… las leo con atención y despacio, y te agradezco de corazón que te des el tiempo para compartir lo que piensas, me ayuda mucho, no sabes cuánto me ayuda. Gracias.
    Sergio Seguel

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  3. paulina dice:

    Será que nos hemos dejado de mirar , entre tanto mall, consumo, eficiencia, lucro, resultados, etc….

    Tal vez le hemos quitado espacio a eso que es propio de nuestra condición humana…. nuestras fragilidades, las personales y las colectivas… esas realidades de las que aprendemos y nos construimos como individuos y como sociedad…

    Gracias por tu reflexión…

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  4. Soledad Valdebenito dice:

    Comparto plenamente, Matías, gracias porque estás despierto aunque vivamos en un país adormecido por tanta droga televisiva, corrupción. El problema radica porque nos hemos alejado de Dios y su Palabra.

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  5. sonia dice:

    Hace rato que hemos perdido la capacidad de escucharnos, respetarnos, dejar de mirarnos el ombligo y ver que mas allá de nuestras pestañas existen otros seres humanos que ríen sufren, en fin personas que viven. Se agradece su comentario que es lo que muchos pensamos y queremos mejorar. Mejorar nos, entender nos, respetar nos ¿por qué escribo separado? porque así estamos, estamos separados de los nuestros, separados de nosotros, nos hemos quedado en la individualidad que no es mala, pero que nos vuelve egoístas cuando se exacerba.

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  6. Juan Pablo dice:

    Acertadas como siempre las columnas de Matías. Aportando al debate,me gustaría anadir que esa enfermedad se nutre fuertemente desde una ignorancia transversal preocupante para un país de las características de Chile, que tiene un índice de desarrollo humano comparables con países como Portugal o Polonia. Desde sus elites hasta la parte más baja de la pirámide.
    Como bien dices, tenemos que asumir nuestro estado de enfermos y querer mejorarnos.

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  7. María Inés dice:

    Que acertado el comentario que me ha tocado en suerte leer! Entre tanta rabia contra todo y todos, alguien que toca a fondo el verdadero mal que nos aqueja, la
    “indiferencia”, ante las reales causas de nuestro malestar general, o quizás se podría emplear esa calificación que es tan común cuando un enfermo sufre una crisis generalizada en su organismo y se la llama ” Falla multisistemica”
    Esa es nuestra realidad, estamos enfermos de inseguridad, desconfianza absoluta de todas las promesas hechas a diario por políticos y conductores de nuestro aporreado, pero hermoso país. Debo añadir que soy una enamorada de él. Que lo encuentro la joya más preciada que el Supremo Hacedor nos regaló, pero que a lo mejor se equivocó al hacerlo con quienes no lo merecíamos, por no valorar algo tan maravilloso!!!
    Nuestra primera misión, en recompensa a tan excelente obsequio, debe ser procurar el bienestar de todo ser que lo habite, sobre todo en aquellos desposeídos de la fortuna y no aprovecharse del cargo, para beneficio propio, aún cuando ya la suerte tocó a su puerta y lo hizo merecedor de tan ansiada meta, que es alcanzar la fortuna!

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