NARCISO CELEBRA

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Traigo una noticia desalentadora. Nos está ganando el YO. A pesar del discurso solidario, de la causa antisistema, del rechazo al individualismo, nos está ganando el YO. Todo el resto parece un testimonio vacío y una sarta de buenas intenciones tiradas al basurero.

Aparentemente nos importaba Chile, pero por lo que se ve, importa más el YO. El narcisismo está de fiesta. Si existe solidaridad sería algo así como una solidaridad conveniente. Una solidaridad que me viste, que me sirve, que me hace sentir héroe, bueno y justo. Si fuera una solidaridad genuina, estaríamos en la lógica del diálogo, de lo afable, de la apertura, de la conversación, de la legitimación del otro. Pero vemos más bien confrontación, dominio, subordinación y negación del otro. ¿Por qué? Porque importa más el YO. ¡Narciso brinda y celebra!

Al final, es una solidaridad rendidora. Soy generoso y receptivo solo con quien piense como YO o quiera construir un Chile idéntico al MIO. Pero pobre de quien piense distinto a MÍ. A ese lo miro con desprecio y lo ninguneo. Algunos, incluso, buscarán acallarlo, anularlo o hasta matarlo.

Ha llegado a tanto el amor por uno mismo, que varios  piensan que están salvando a Chile. Hay políticos, opinólogos y ciudadanos que se erigen como el mesías, pero solo se miran al espejo. Las intervenciones en el Congreso son una prueba de ello. Hablan lindo, de corrido, con una oratoria envidiable. Suben la voz, luego la bajan, mueven las manos y enfatizan con el dedo. Mucha performance e histrionismo, como si estuvieran en un escenario. ¡Y Narciso se ríe!

Pensarán que es mentira lo que digo, pero es cosa de ver lo que pasa allá afuera. Si nos importara realmente el otro, nos importarían todos los otros y no solo los nuestros. Estaríamos colaborando por un Chile mejor y no lanzando piedras, improperios y amenazas. Si quisiéramos una tierra digna para todos, estaríamos dispuestos a sopesar nuestras ideas, escuchar, ceder y negociar. Pero el peso del propio interés es gigante. Es una sombra que nos ciega y que nos impide, realmente, ser un país consciente de todo ser humano.

Ya no importa el contexto o las circunstancias. Tampoco la complejidad de la realidad. Importa solo el YO y el mundo que me he inventado en la cabeza. El problema es que mientras predomine el YO, la exclusión del otro distinto a MÍ es inevitable. Y eso solo puede profundizar las diferencias, las distancias y la grieta que peligrosamente se abre bajo nuestros pies.

El destacado biólogo y filósofo, Humberto Maturana, en su libro “El sentido de lo humano”, señala que “al ser nosotros dueños de la verdad, el que no está con nosotros está equivocado de una manera trascendental y su error justifica ante nosotros su destrucción, sin que nos hagamos responsables de ella”. Maturana explica además que “la única posibilidad de no caer en la trampa de la negación racional del otro está en la reflexión que permite dudar sobre la posesión de la verdad y abre, al que reflexiona, a la reaparición del otro como ser humano tan legítimo como uno”.

Si no entendemos esto, Chile no será nunca un país digno para todos y todas y Narciso seguirá burlándose de nosotros, como un pequeño bufón escondido en el fondo de un alma ensimismada y mezquina.


por Matías Carrasco.

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