LA RAZÓN

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En otros años, cuando estudiaba en la universidad, un profesor de filosofía, viejo y de aspecto particular (parecía un duende o un alquimista), me enseñó de esas cosas eternas que nunca se escapan de la memoria. En una de sus clases, en una intervención cualquiera, un compañero comenzó diciendo “yo creo que…”. El maestro lo interrumpió y con una voz grave dijo algo así como: “creer es un acto de fe. Si lo que dices lo crees, entonces partes de una opinión inamovible. Lo correcto sería decir ´pienso que`. Así le das espacio a la razón”.

Me acuerdo de esto cuando veo las opiniones sobre lo que está ocurriendo en Chile en las redes sociales. La mayoría de los comentarios parten de un acto de fe. Aún ateos o agnósticos, se aferran a sus creencias como si fueran cruces o altares. Son juicios que se instalan con la rigidez de una estaca en los cerebros y no hay nadie ni nada que los pueda sacar de ahí. Y así, todos los argumentos o posteos se van acomodando a la tesis que – tácita o explícitamente- buscan defender.

Es natural. El ambiente crispado cede paso a las pasiones y en ese acalorado round cada cual anda diciendo lo que se le venga en gana. El simplismo se apodera de todo, crecen los estereotipos, las caricaturas se van dibujando y el pensamiento se mantiene preso y con la boca amordazada. Más que entender, importa creer en las catedrales que nos hemos inventado, que nos protegen y nos dejan con la conciencia quieta.

Lo que vemos son posturas rígidas como faros, pero que no alumbran a nadie. Más bien dictan y sentencian. O se es malo y fascista o se es bueno y revolucionario. No existen aquí las hendiduras y los matices que exigen la realidad y la razón. Se pretende ver todo desde una superficie plana, pura y sin relieves. El mundo como una llanura y no como una intrincada cordillera.

Hay una pobre y fea batalla en las redes sociales por imponer las propias posturas. Es cierto. Puede usted ganar su pequeña lucha ideológica. Tal vez sienta hasta un regocijo cuando sus seguidores (iguales a usted, por eso lo siguen) lo llenen de likes y corazones. Y después, ¿qué? Como un globo, todo se desinfla.

No solo debemos exigirles a nuestras autoridades y políticos un nivel a la altura de los momentos difíciles que estamos viviendo. No es solo en el Congreso donde se ha visto un debate vergonzoso, violento e inútil. Nosotros, simples ciudadanos, también tenemos que dar el ancho y hacer un esfuerzo por aportar a un Chile más justo, pero también más abierto y dialogante. Enfriar las cabezas. Mirar. Escuchar en silencio. Pensar.

Gabriel. Así se llamaba mi profesor. Entiendo que ha muerto. Quizás se haya convertido definitivamente en un duende o en un ángel hechicero. Era un tipo de buen humor. Ojalá nos esté susurrando, desde alguna parte, “la razón, la razón, la razón”…


Por Matías Carrasco.

Foto, emol.

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Un comentario en “LA RAZÓN

  1. SANDRA dijo:

    Me identifico completamente con tu reflexión…en estos días solo hemos respirado odio, rencor, frustración y mucha falta de perdón. cada uno con su verdad y su justicia..

    Me gusta

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