POR MÁS QUE LA QUERAMOS

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Fui educado en un colegio de la Compañía de Jesús. En mi familia hay dos jesuitas, tíos abuelos, que tuve la suerte de conocer. Uno intelectual, el otro, un cura obrero. Me casó un sacerdote jesuita, viejo y buen amigo. Seguimos en contacto hasta hoy. De joven, participé durante años de una comunidad guiada por otro jesuita, a quién le guardo gran estima y afecto. He colaborado en distintas tareas con la congregación. He estado en sus casas, compartiendo con varios de ellos. Se cocina bien por esos lados. Siempre he sentido una gran simpatía por los “soldados de Dios”, por su impronta justiciera, por su apertura, por sus pies en el barro, por la valentía, porque hacen ruido, por esa mirada desde las fronteras. Les agradezco ese sello.

Escribo hace años de la Iglesia Católica. Es un tema que me inquieta y apasiona. ¡Se tejen tantas historias adentro del templo! Historias de acogida, compasión, misericordia, entrega, salvación, sentido, resurrección, alegría y vida. Pero también de poder, miedo, subordinación, hipocresía, sinsentido, discriminación, muerte y sufrimiento. Es ese contraste el que me hace volver una y otra vez sobre el mismo tema. Es ese doblez, esencialmente humano, el que me rebela y, misteriosamente, me hace pertenecer.

He escrito de Karadima y de otros abusos dentro de la Iglesia. Me he referido a la necesidad de que los laicos levanten la voz y asuman una postura crítica respecto a los delitos que hemos visto pasar. He invitado a apoyar a las víctimas y a no dejarlas abandonadas como alguna vez – varias veces, en realidad- lo hemos hecho. Pero hablar de Karadima, sin conocerlo, sin siquiera tener un vínculo con la parroquia de El Bosque, es una cosa. Referirse a los crímenes que ocurren en la propia casa, es otra.

Anoche vi el testimonio de Marcela Aranda, la denunciante del sacerdote Renato Poblete, estandarte de los jesuitas en Chile. Tal vez, el segundo después de Alberto Hurtado. Recordé el reportaje de Informe Especial en 2010, cuando Hamilton, Cruz, Murillo y otros, destapaban el caso Karadima. Esos ojos no mentían. Los de Marcela tampoco. Habló de Poblete, de violación y de abuso sexual con fuerza excesiva. No solo él, también “sus amigos”. Habló de las denuncias a la Compañía, sin respuesta. Recordó ocho años de martirio y de tres abortos que el jesuita le habría obligado a realizar. Habló de su vida destruida, de sus afectos rotos, de una historia truncada por el abuso. Hay más de diez denuncias en contra del ex director del Hogar de Cristo.

Es tentador mantener silencio. Por respeto a mis amigos jesuitas. Por respeto a la iglesia de la que formo parte. Por respeto a quienes conocieron y admiraron a Poblete. Para no hacer leña del árbol caído. O por último, para no meterme en problemas. Me han hablado de prudencia, de plantear estos asuntos en privado, como si se tratara de mi propia madre. De evitar hacerlo en público. Eso divide. Eso no se hace. Eso es traición.

Pero no puede ser el miedo, el prestigio o la imagen de la Iglesia lo que nos impida abordar estos temas abiertamente. Tras esa cortina, está el sufrimiento, la angustia, el terror e incluso las muertes o intentos de suicidio de aquellos que viven, están viviendo o vivirán el zarpazo hondo de un abusador.

He visto a personas alejarse de la iglesia. Gente de una profunda búsqueda espiritual. Han salido más allá de sus murallas, decepcionadas, dolidas, hastiadas. Pienso que no es solo por los delitos. Es también por el silencio, por la ceguera y por ver a una iglesia atrincherada, defendiendo con uñas y dientes una “verdad” que le impide entrar al mundo de hoy, con ojo sensible y humano. Yo por eso también cuelgo del farellón.

Cada cual hará lo que le parezca. Pero pienso que no es bueno que los laicos callen. Tampoco es bueno que pierdan el asombro. El dolor ajeno debiera escandalizarnos mucho más que una catedral en llamas. Mucho más que una iglesia desplomada. Mucho más que una congregación, por más que la queramos.


Por Matías Carrasco.

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13 comentarios en “POR MÁS QUE LA QUERAMOS

  1. josé miguel torres dijo:

    No nos olvidemos que la iglesia somos todos, nosotros, los curas son sólo la jerarquía…somos nosotros y c/u en su familia, trabajo (el que lo tenga), barrios, organizaciones sociales, los que hacemos iglesia. Y estos curas abusadores sólo demuestran cuán humanos somos todos, pacos, milicos, empresarios, políticos, profesores, etc. Por fin se resquebraja el velo de superioridad de las jerarquías y se demuestra que somos todos iguales, igual de divinos, igual de miserables.

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  2. Paula dijo:

    Porque la queremos a esta congregación hoy dolida y sufriendo, es que no hay que mantener silencio. Hay que estar ahí, acompañar, hablar, lo que sea necesario y prudente.

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  3. Paul Buchet dijo:

    Pero ? que gritar si el desafio esta entre trascendencia y inmanencia. Entre sagrado y profano. Y sobretodo si Uno toma partido por una o otra hipotesis. Pienso que los teólogos de la secularización siguen mucho que aportar a las religiones. Desgraciadamente son las estructuras de las iglesias y sus discursos que pagarán los gastos de sus errores.La historia no perdona . Delenda est Jerusalén ….

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  4. Mirna Pino Hermosilla dijo:

    Gracias Matías, por la claridad de tus palabras, para seguir creyendo en Jesús, el Maestro de los pobres y sencillos, la iglesia Pueblo de Dios con todos los laicos y laicas debe mirar sus orígenes, despojarse de todo poder… Cómo no creer los testimonios de las víctimas y sobrevivientes,. #Marcela yo te creo.
    Gracias por tus palabras y denuncias desde adentro, los laicos y laicas de Chile somos miles, todos con muchos años de participación en una iglesia de comunidades. Un abrazo.

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  5. Patricia Ojeda del Rio dijo:

    Me estremeció hasta lo mas hondo el testimonio de Marcela Aranda, quizás muy pocos logran reconstruirse como ella de tal barbarie! Me dolió el pecho escucharla y constatar que lo mas asqueroso de la humanidad puede vestirse de santidad para devorar presas bajo la capa! Que horror, por eso siempre he pensado que no hay que admirar y endiosar vestiduras y medallas. Que lejos está Jesús de todo eso…

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  6. Martín Valenzuela dijo:

    Sabias y valientes palabras. Qué duro y difícil es vivir esta crisis de mi Iglesia desde dentro, alzando la voz y en medio de la propia debilidad, tratando de defender el mensaje de Jesus (por lo menos el que yo creo que nos trajo). Tú lo haces muy bien, gracias.

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  7. Hugo Silva Z dijo:

    El caso Poblete es muy duro. Un golpe feroz para los católicos. La pregunta es ¿Cuántos Poblete hay circulando?.
    Que el Señor nos ayude a manejar eficientemente este problema y desenmascarar a los curas degenerads.

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