CREER DESDE LA DUDA

duda

Siempre nos enseñaron a creer. Nos dijeron que la fe era un don. Nos entrenaron para siempre creer. La duda era una debilidad. No podíamos flaquear. Nos prepararon para la certeza y no para la incertidumbre. Pero la certeza irrefutable está mas cerca de la locura que de otra cosa.

Nunca nos hablaron de que la misma iglesia podía hacernos dudar o incluso decepcionarnos. Por eso hoy hombres y mujeres, laicos y religiosos  – muchos o pocos, no sé- andan deambulando por ahí, perdidos, aturdidos, buscando otra vez certezas que se van desdibujando.  Intuyo que la iglesia cambió.

Pero nos queda la duda. ¡En buena hora! Trastabilla la Iglesia, tropieza nuestra fe, nuestros referentes y una historia que hemos construido desde una creencia santa e intacta. ¡Bienvenida la pregunta y la debilidad! Habrá que bancarse el tiempo y la espera de nuevas respuestas. El preámbulo nos acerca más al ser humano, a la carne y a los huesos.

La fe adulta, creo, tiene que ver con la capacidad de cuestionarse, ¡lo que sea!:  los muertos, los santos, las cruces, la verdad, los dogmas, los pecados, la culpa, las vírgenes, Adan y Eva, el paraíso, los confesionarios,  el sermón de un día domingo,  las palabras del Papa o  la mismísima existencia de Dios. De la duda saldrá más fortalecido o encaminado hacia una nueva respuesta. De todos modos, se hará más libre.

El desafío no es fácil. Cuando desde niños se nos ha pedido creer y obedecer con mansedumbre y prudencia, ahora se nos arroja al desierto, con la brújula averiada y a solas con nuestra propia razón y conciencia. Quizás en el calor de las arenas encontremos la oportunidad de creer también en nosotros mismos, en nuestra propia historia, discernimiento y voluntad. Ahí en lo profundo, en el principio de nuestra alma, se anidan también las respuestas.

No se amilane. Algunos le dirán que si duda de su misma iglesia, tendrá que mandarse a cambiar o buscarse otro templo. Y es que muchos creen en una iglesia angosta, rígida y uniforme. Pienso distinto. Para mí la iglesia es ancha, viva y dinámica. Por eso me doy permiso para hojearla de vez en cuando y ponerla en cuestión. Por eso también me quedo. Para aportar desde dentro a una iglesia más diversa, menos santa y más humana. ¿Alguien me puede quitar ese derecho?

No se congele. No se quede inmóvil al borde del camino, como decía el poeta. Se puede dudar y seguir andando. Así está bien. Es tiempo de sospechar de las certezas más absolutas y  poner a la duda en un lugar especial, allí donde valen más que nunca nuestras heridas, nuestros surcos, milagros y resurrecciones de la propia vida. Menos vistosas pero más hondas que las raíces de un nogal.


Por Matías Carrasco.

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2 comentarios en “CREER DESDE LA DUDA

  1. Paulina dijo:

    Siempre con la palabra precisa Matías.
    Yo también creo en una Iglesia imperfecta, frágil, cercana y profundamente humana, enraizada en un Dios que ama nuestra debilidad.

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  2. Fernando Paredes dijo:

    Querido Matías, me han llegado, he leído y he reenviado a mis amigos, todos los artículos tuyos que, ahora, gracias a Dios, recibo bastante seguido y sin necesidad de recurrir a ti y a SLTH para que aquéllos pueda recibirlos como hoy ocurre. Mi silencio a tu atención de incluirme en tu lista de suscriptores no es otra que un serio problema de salud que nos afectó a mi señora y a mi por los últimos tres meses, resultando en nuestra decisión de irnos a vivir definitivamente a una pequeña parcela que tenemos en Culipran, poblado muy cercano a Melipilla, desde el próximo Septiembre. La razón principal, eso sí, fue tu respuesta a un lector tuyo, en que le afirmas que no debe preocuparse por haber sido el único en comentar tu artículo, pues crees que vale la pena transmitir mensajes inspirados en el amor a los demás, aunque sea sólo una persona la que lo aprecie. Somos muchos, Matías, quienes te seguimos y recibimos tu opinión como bálsamo reconfortante para seguir en este mundo tan egoísta y tan cruel. Acepta mis excusas por no responder a tus artículos que me entregan tanta paz y me gusta tanto recibir. Gracias querido amigo. Fernando Paredes Vidal

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