LA JAULA DE ORO

jaula

Un día un alto ejecutivo de una de las compañías más importantes de Chile y Latinoamérica me confidenció sentirse viviendo en una jaula de oro. Es decir, tenía todo lo que alguna vez soñó: un sueldo millonario, un sabroso bono, un cargo en lo más alto de la pirámide, una amplia oficina cerrada,  secretaria, hombres y mujeres adulándolo en cada reunión, stock options, trato exclusivo y preferencial, estatus, reconocimiento y poder. Sin embargo le era muy difícil salir de ahí. Estaba preso entre tantos privilegios. Cautivo en su propia celda.

Nunca se me olvidó la imagen. Quizás por lo simple o tal vez por lo verdadera y representativa de cientos de historias que uno conoce. Incluso la propia.

Y es que estamos acostumbrados, formateados –inconscientes ya-  a vivir una vida en cambio automático, no siempre la que quisiéramos vivir.

A veces pienso que un buen pasar, una rutina acomodada, un cargo, buenos ingresos y una carrera sobresaliente, más que hacernos libres o felices, nos van hundiendo en una inercia cotidiana y en una anestesiada resignación, casi ciega, de aquello que a diario nos toca. Como dice el filósofo coreano alemán, Byung Chul Han en su ensayo La sociedad del cansancio: “en esta sociedad de obligación cada uno lleva consigo su propio campo de trabajos forzados. Y lo particular de este último consiste en que allí se es prisionero y celador, víctima y verdugo, a la vez. Así uno se explota a sí mismo, haciendo posible la explotación sin dominio”. Otra vez la jaula. Otra vez la falta de libertad.

Es cierto. No todos pueden darse el lujo de elegir. A mayor precariedad, menores serán las opciones para hacerse de otros caminos. ¿Cómo pensar en qué quiero cuando no alcanzo, si quiera, a llegar a fin de mes? Por eso en el caso contrario, la pregunta debería ser casi obligatoria: ¿Estoy viviendo la vida que, libremente, quisiera vivir?

Yo mismo me lo he preguntado. De más joven quería ser escritor y siempre lo cuento como una anécdota, como un anhelo de cabro idealista y soñador. Y lo que es más claro, siempre lo narro en pasado. Pero ahora, a mis cuarenta y tantos, me lo cuestiono, ¿por qué no? No sé si dé el ancho. No sé tampoco si la pluma dé para eso y, si a fin de cuentas, llegue a lograrlo. De todas formas, ¿por qué no intentarlo?

No todo se puede hacer, por cierto, pero tampoco todo lo que alguna vez soñamos tiene que ser enterrado como si ya no existiera futuro. La capacidad creativa del ser humano es tan ancha y profunda que agotarla solo en un carro que simplemente nos tocó, puede ser un desperdicio. Vale la pena, pienso, buscar un propósito o algo que de verdad nos desvele el alma para agotar todas nuestras energías y arriesgar el pellejo.

Historias hay un montón. La de un profesional que abandonó el lujoso y promisorio mundo de los abogados para ir tras el sueño de hacer mapas recorriendo Chile. O el de un publicista que aburrido de la vida en la ciudad optó con su familia por arrancarse al sur, construir unas cabañas y llevar allí una vida más lenta y sencilla. O la de una exitosa ejecutiva del retail que abandonó una pista de acenso rápido y seguro para volver a las aulas y estudiar obstetricia, su vocación desde niña. O la de una profesora que quiso colgar el plumón y el borrador por bailar y enseñar flamenco, una pasión que abre ventanas tan hondas e íntimas que solo ella sabe valorar. Y así, suma y sigue.

¿No puedo entonces seguir adelante con la vida que he elegido? ¿Tengo que preguntarme sobre el rumbo de mi vida aún cuando estoy satisfecho con la mía? Por supuesto que no. Lo mío es una invitación para quien desee tomarla.

El punto que pongo sobre la mesa es con cuánta libertad estamos viviendo la propia vida y con qué facilidad dejamos atrás lo que alguna vez soñamos ser. El riesgo de evadir la pregunta es muy alto: el de sentirse preso y atrapado en una brillante, reluciente y a veces vacía, jaula de oro.

 


Por Matías Carrasco

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3 comentarios en “LA JAULA DE ORO

  1. Niklas Ryhanen dijo:

    Muy ciertas tus palabras. A veces tomamos un camino (largo), sin cuestionarnos si es el correcto o el que soñamos. Nos dejamos llevar casi por inercia, anestesiados o embobados por esa misma jaula de oro que brilla pero finalmente te anula. Un abrazo gran Matías.
    PD: Espero ese best seller de tu pluma pronto.

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  2. Luzmaria dijo:

    Buena columna , tremendamente fuerte y verdadera , me sale a la luz de inmediato al leer estas palabras , el miedo, ese miedo a lo desconocido ,ese miedo a fracasar , ese miedo tan tonto y a la vez tan real a cambiar el suich,
    Ese miedo que muchas veces nos paraliza !
    Pero ,….. a pesar de lo anterior SI , vale la pena como tu dices , arriesgarse y pegar el salto
    Por qué no?

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